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Zona Pro

Adam Scott es el hombre a batir

Enrique Soto | 21 de julio de 2012

El australiano tendrá un nuevo enemigo en la última jornada: el viento

Después de no haber hecho un solo bogey en cuarenta hoyos, Brandt Snedeker hizo seis en tan solo diez. Esto es el golf, llevado a su máxima esencia en el Open Championship. El americano perdió el liderato que tan sólidamente había mantenido durante las dos primeras jornadas después de firmar tres golpes sobre el par, y colocándose en un global de menos siete. En su lugar, un jugador elevó el listón de juego hasta un nivel que difícilmente nadie conseguirá igualar en este torneo. Ni todas las calles o greenes en regulación de Snedeker valen tanto como la forma en que pegó a la bola Adam Scott durante la tercera jornada. Drives mostruosos, tiros a bandera agresivos y la sensación de que el “golf aburrido” que el americano había practicado, alejándose de los errores, no es suficiente para ganar el major por excelencia.

Gracias a Scott, el Open despertó de un desesperante letargo. La primera plaza ya no la ocupa el paradigma de la eficiencia, sino un jugador en un estado de forma excelso, como nunca antes le habíamos visto jugar. Los siete pares con los que comenzó su vuelta se vieron reforzados con dos birdies consecutivos, otro en el 11, y un buen bogey en el 14. El resto de su vuelta consistió en un intento tras otro de robarle golpes a Royal Lytham y mantener la ventaja respecto a sus perseguidores. Graeme McDowell se unió a Snedeker con siete bajo par, Tiger Woods se mantuvo en menos seis.

Una variable se mantiene constante a través de los últimos años: G-Mac siempre vuelve. Sin importar las condiciones, la preparación del campo o los rivales, el norirlandés se las apaña para llegar a una última vuelta con opciones. A veces lanza uno de los ataques que le hicieron famoso cuando Europa ganó la Ryder Cup, otras se mantiene constante hasta el final, como en el último U.S. Open. Da igual quién sea el favorito para ganar el torneo en cuestión, McDowell vuelve a salir en el último partido en un grande. La desventaja frente a Scott es de cuatro respetables impactos, un mundo en un torneo cualquiera y un suspiro en un Open Championship. La victoria depende de un solo jugador pero en el momento en que eche la vista a un lado, puede encontrarse mirando con pánico a un jugador desatado, encadenando birdies con la mirada fija en las banderas.

Un golpe por detrás se encuentra Tiger Woods, el único jugador en activo con catorce majors. Necesitaba hacer más que nunca una declaración de intenciones en esta tercera jornada, dar a entender que el destino de este grande dependía de él, sin importar qué hicieran Scott, Snedeker o cualquier otro osado a destacar. Entonces llegó al tee del 1 y en su primer golpe, ejecutó un fade al centro de green cuando la bandera estaba a la derecha, haciendo tres putts. Dos hoyos más tarde haría otro. En el momento en que Tiger tenía que ser más agresivo, se paseó por Royal Lytham pegando todos y cada uno de sus golpes a bandera cortando la bola y pesando más en los errores que en sus posibles aciertos. Tiros que se quedaban cortos o se pasaban considerablemente, putts sin la fuerza adecuada para meterse, Woods perdía poco a poco la capacidad de sorprender. De poco importaba que cambiara de estrategia en los pares 5 utilizando el driver de salida. Su resultado de par refleja perfectamente esta actitud, y el juego desplegado por Scott dejaba en evidencia sus carencias. Tiger necesita más.

En cada uno de los catorce grandes que ha conseguido, ha salido como líder en solitario o empatado en la última jornada. Mañana necesitará remontar nada menos que cinco golpes, y en el partido detrás suya habrá un hombre que sabe perfectamente como tranquilizar a su jugador. Steve Williams puede que no haya ganado un major, pero sabe perfectamente cómo calmar a Scott cuando el público estalle tras un hipotético eagle de Tiger en el hoyo 7, o qué decir en el momento en que el australiano falle un putt corto. Puede que sus opciones para el domingo sigan vivas, pero Tiger ha vuelto a perder un major en cuanto al sábado se refiere (ya lo hizo en el Olympic hace unas semanas).

El pronóstico meteorológico para mañana anuncia vientos más fuertes, de entre cuarenta a cincuenta kilómetros por hora. De cumplirse el tercer grande de la temporada tendrá el único ingrediente que le ha faltado durante estos tres primeros días, y hará que el ganador sea verdaderamente el que mejor ha jugado un links en todo su esplendor. Adam Scott ya no podrá pegar drives al infinito y G-Mac, desde la sombra, tendrá la oportunidad de demostrar porqué ser un jugador con garra es a veces más importante que tener un swing majestuoso. Mañana, por fin, dará comienzo el Open Championship.

Miguel Ángel Jiménez finalizó su vuelta con 73 golpes y un global de mas tres, un golpe menos que un Pablo Larrazábal que agradecerá mañana la presencia de su mejor aliado, el viento. Gonzalo Fernández-Castaño terminó con cuatro arriba después de firmar 72 impactos. Rafael Cabrera-Bello tuvo su peor día esta semana e hizo 76, pasando a un global de seis sobre par en la general.

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