Dos golpes tenía que remontar Ángel Cabrera durante la última jornada del The Greenbrier Classic. Saliendo en el partido estelar junto al líder tras 54 hoyos, el teniente Billy Hurley III, el argentino acabó entregando un 64 final (-6) que mejoró en nueve golpes la tarjeta de su compañero de partido. Sin embargo, su primera victoria desde el Masters de Augusta de 2009 no fue tan fácil como parece.
Trece partidos y dos horas y diez minutos separaban al grupo de Cabrera y Billy Hurley III del de George McNeill. Cuando éstos apenas habían completado la mitad del recorrido del The Old White TPC, el estadounidense firmó un 61 (-9) con el que sorprendía a todos, poniéndose líder con un resultado en casa club de -14.
Minutos antes de comenzar su vuelta, McNeill llamó a casa para interesarse por el estado de salud de su hermana Michele, aquejada de un cáncer de mama desde hace tiempo. Y no llegaron buenas noticias. Su estado había empeorado en las últimas horas y podía ser cuestión «de dos minutos o de dos horas. Iba a ocurrir próximamente». Entregado su 61, volvió a llamar, informándole que Michele había fallecido veinte minutos antes de que él comenzara su jornada final.
Poco le importaba a McNeill lo que ocurriese en el campo a esas alturas. Hurley III sucumbía en su primera presencia en un partido estelar en la última jornada del PGA Tour. Comenzó con un birdie en el hoyo 1 que solo sirvió para que su caída fuera más dolorosa cuando entró en una dinámica negativa de cuatro bogeys en cinco hoyos del 2 al 6. Acabaría firmando un 73 (+3) con el que descendió finalmente a la cuarta plaza.
Así las cosas, se dio una situación algo extraña en un mano a mano entre un jugador que tendría que esperar dos horas para ver si su esfuerzo titánico final era suficiente y solo un aspirante a superar su resultado de todos los que continuaban en el campo completando su cuarta vuelta. Necesitaba Cabrera mínimo un par de birdies en los nueve segundos hoyos para conseguir su primera victoria en calendario regular en el PGA Tour y no tardó en ponerse manos a la obra.
Con sendos birdies al 11 y al 12 se puso líder por primera vez en todo el torneo. ¿Y cómo lo celebró? Embocando desde 161 metros en el 13 para un eagle que hacía que su ventaja se ampliara a tres golpes. Aún le tocaría sufrir con dos fallos consecutivos en forma de bogeys, pero su agresivo juego obtuvo su recompensa con un acierto más en el último par 5 del recorrido con el que confirmaba su triunfo.
Fiel a su estilo, en castellano, Cabrera confesó que tras cinco años de sequía necesitaba ganar un torneo. Lo hizo siendo el que más greenes en regulación cogió, el cuarto más preciso desde el tee, el quinto que más golpes sacó al resto de jugadores en los greenes y el undécimo en distancia con el driver. «Desde luego, el driver ha hecho que jugara el campo mucho más corto», admitía.
Gonzalo Fernández-Castaño finalizó el torneo finalmente en el puesto 64º tras entregar un 71 final (+1). Comenzaban mal las cosas para el madrileño con dos bogeys en los nueve primeros hoyos y aunque escaló posiciones con tres birdies finales en el tramo restante del recorrido, un doble bogey en el 14 hacía que entregase la segunda vuelta por encima del par de la semana.
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