Birdie, birdie, birdie, birdie, hoyo en uno. George McNeill firmó un tramo casi inmejorable entre los hoyos 4 y 8 en el The Old White TPC durante la jornada final del The Greenbrier Classic. Sin embargo, en su camino hacia su 61 final (-9) su lenguaje corporal no era el de un jugador que iba camino de aspirar a la victoria saliendo más de dos horas antes que el partido estelar. Los birdies proliferaban en su tarjeta pero no así las sonrisas propias de una vuelta así o la pasión con la que el americano suele jugar.
Su amigo y caddie Ernie Rose confesó que «aunque normalmente suele ser bastante intenso en el campo, esta semana ha estado más calmado». Cuando embocó desde el tee de salida en el hoyo 8 desde 200 metros con su hierro 4, la fría reacción de McNeill hacía saltar las alarmas. “Cuando la bola entró en el hoyo, supimos que pasaba algo». Y vaya que si ocurría.
Antes de comenzar su jornada final, McNeill telefoneaba a casa para preguntar por el estado de salud de su hermana mayor Michele, de 46 años y aquejada de un cáncer de mama. La situación había empeorado en las últimas horas. “Me dijeron que podía ocurrir en los próximos dos minutos o las próximas dos horas, pero que iba a ocurrir próximamente». Sacando fuerzas de no se sabe dónde, McNeill firmó más tarde su mejor vuelta jamás entregada en su carrera en el PGA Tour.
Preguntado por las circunstancias, McNeill confesó envuelto en lágrimas que en esos momentos, por mucho que estuviera como líder del torneo con posibilidades de victoria, «el golf no importaba mucho.»
Al volver al vestuario, las malas noticias se hacían todavía peores. Su madre Dorothy le informó de la muerte de su hermana a las 11:35 de la mañana, veinte minutos antes de su horario de salida de la jornada final.
Tras darse de baja de cara al John Deere Classic de este semana, McNeill pasará unos días con la familia, antes de volver a competir en el The Open Championship tras conseguir una plaza para Royal Liverpool gracias a su segundo puesto logrado en el The Greenbrier Classic.
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