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Zona Pro

Días de Tiger

Enrique Soto | 09 de marzo de 2013

Han pasado ya unos cuantos años desde que Tiger Woods contara sus apariciones como top 10 asegurados, oportunidades de victoria que se sucedían sin remedio enmarcadas en un dominio que nunca había contemplado el mundo del golf. Basta con echar la vista atrás al 2008: seis torneos disputados, cuatro victorias, un U.S. Open apoyado en una sola pierna, un segundo puesto en el Masters… Woods era una fiera desbocada, y consiguió en ocasiones convertir un deporte ingobernable en una actividad previsible, una cuenta atrás hasta que llegara el último hoyo. Ha pasado el tiempo y a veces, como sucedió en Torrey Pines en febrero, volvemos a recordar los días de Tiger. Esta semana, en Doral, también.

Partió del liderato y comenzó la segunda jornada del Cadillac Championship con tres pares consecutivos, que ni mucho menos serían la tendencia a seguir. Birdie al 4 y al 5, al 7 y al 8, al 10 y al 11… Woods tenía la estrategia perfectamente diseñada y la ejecutó casi a la perfección, como expulsando cálculos a base de golpes. En Doral no soplaba el viento y a pesar de unos greenes firmes y rápidos, Graeme McDowell había fijado un menos once en casa club, seguido de Steve Stricker y de un Phil Mickelson ávido por recordar batallas memorables con menos diez. Tiger siguió haciendo birdies y, sobre todo, embocando putts. Cuarenta y nueve en treinta y seis hoyos traducidos en diecisiete birdies le llevaron hasta un acumulado de menos trece. Era el golf explicado con sencillez, el menú del día.

“Siento que estoy jugando bien”, declaró el número dos del mundo. “Estoy haciéndolo bien y metí muchos putts. Pero más importante, me situé en los lugares correctos para hacerlo y creo que probablemente es la clave para que no tuviera muchos putts cuesta abajo o con el pelo a favor. Tiraba desde donde podía ser agresivo. Estos greenes se están secando rápidamente y se está volviendo duro dejarla cerca o incluso mantenerla en green”. El Blue Monster se parece cada día más al Blue Monster, y no a un campo en el que la media de golpes de los diez primeros clasificados rondó el menos cuatro. Antes de finalizar con la prensa, Woods dejó un aviso a sus rivales: “Pegué mejor a la bola en Torrey Pines, pero aquí estoy pateando mejor”. Porque si por algo se caracterizó el estadounidense en 2008 es por su exposición constante a la victoria, una capacidad de la que ciertamente ha carecido durante los últimos años. Apenas un mes después de su último triunfo, su nombre vuelve a estar en lo más alto.

Once participantes en la Ryder Cup metidos entre los diez primeros clasificados hablan de un fin de semana de mucho nivel, en el que difícilmente uno de ellos partirá con una gran ventaja el domingo. A medida que se iban quedando sin hoyos, unos se encendían a otros para dar lo mejor de sí mismos. “Vi a Phil subir posiciones y le dije a mi caddie: ‘Vamos a colarnos en esta fiesta’”, dijo Graeme McDowell. “Vi a Tiger jugar bien y quise hacer un par de birdies para meterme en su grupo”, declaró Mickelson. Y así, mirando sus números a mitad de vuelta, fueron buscándose hasta terminar en lo que prácticamente supone un empate técnico antes del día del movimiento, donde deberían saltar chispas. Bubba Watson y Freddie Jacobson partirán del menos nueve, mientras Charl Schwartzel (mejor vuelta del día, 65 golpes) y Keegan Bradley lo harán desde el menos ocho.

Sergio García salió como líder pero abandonó el recorrido con el mismo acumulado en el que se encontraba, menos seis. Un mal comienzo en sus nueve primeros hoyos le obligó a remontar durante los segundos, en los que no pudo mejorar el par del campo. Sus 72 golpes le sitúan todavía décimo, a cinco de la cabeza y con mucho trabajo pendiente si quiere alcanzar las primeras posiciones. En su caso, si el viento se presenta en la tercera o la cuarta jornada le podría hacer un gran favor. Situaciones similares las de Gonzalo Fernández-Castaño y Rafael Cabrera-Bello, que entregaron tarjetas de 70 y 74 impactos respectivamente para hundirse en mitad de la tabla. El madrileño es trigésimo noveno con menos dos, mientras que el gran canario es cuadragésimo octavo con mas uno. El campo todavía está accesible, y como demostró Francesco Molinari con su tarjeta de 66, se pueden hacer muy pocas atacando en los hoyos adecuados.

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