Hace menos de diez días que se cerraba la temporada del desierto en el golf profesional masculino. La victoria del inglés Luke Donald sobre el alemán Martin Kaymer en la final del Accenture Match Play Championship confirmaba la superioridad del golf europeo en el primero de los grandes torneos del año, y la fortaleza de un circuito que acababa de concluir en el lejano golfo Pérsico su particular alternativa al todopoderoso PGA Tour.
A lo largo de un mes, o de cuatro semanas para ser más exactos, la flor y nata del golf internacional y la práctica totalidad de los por entonces ocupantes del top ten del ránking mundial hacían parada y mayor o menor fonda en unos torneos cuidadosamente preparados al calor de un flujo incesante de petrodólares y una fórmula de organización que va más allá de los siempre polémicos fijos de salida.
Porque, no nos engañemos, los fijos de salida, es decir, el pagar por anticipado a un deportista para que juegue un determinado campeonato y participe en los diversos actos publicitarios y sociales asociados, han existido siempre y, por mucho que desde los Estados Unidos de América se rasguen las vestiduras ante la proliferación de los mismos en el Circuito Europeo, convendría recordarles que también se podría ajustar a este concepto la situación que se vive en el PGA Tour. Tenemos el ejemplo del Royal Bank of Canada, patrocinador de un Canadian Open que, pese a encontrarse en la semana posterior al The Open Championship, se ha asegurado la presencia de superclases de la talla de Ernie Els, Retief Goosen, Anthony Kim, Luke Donald, Paul Casey o Jim Furyk a raíz de integrarlos en la carpeta de patrocinios del banco e incluir una cláusula que les obliga a disputar uno de los abiertos nacionales más antiguos del golf internacional pero que desde el cambio de siglo solo despierta las pasiones de los aficionados canadienses.
O la “casualidad” de que Phil Mickelson comparta sus habilidades golfísticas con destacados ejecutivos de importantes patrocinadores de los torneos del West Coast Swing en los días anteriores o posteriores al inicio o finalización del propio campeonato. Y quien dice Phil Mickelson, dice Jim Furyk, Dustin Johnson o Rickie Fowler… en definitiva, los grandes jugadores mediáticos del golf estadounidense.
Sin embargo, esta circunstancia no era nueva en el Circuito Europeo y durante décadas se había convertido en una constante en torneos menores como el Malaysian Open, el Johnnie Walker Classic o el Heineken Classic, por citar tres ejemplos de pruebas que a principio de temporada conseguían atraer a alguna que otra estrella (Ernie Els, Pádraig Harrington… y mucho antes Greg Norman, Fred Couples o Nick Faldo) que solía difuminarse en un lista de participantes discreta y muy inferior al del respectivo campeonato de la costa oeste estadounidense.
Entonces, ¿qué ha cambiado en los últimos años para que el foco mediático del Desert Swing se haya trasladado desde los cactus de Arizona hasta las dunas de Rub al Jali? ¿Qué ha sucedido para que torneos de escasa trayectoria (no en vano el más longevo, el Dubai Desert Classic data de 1989) estén poniendo en jaque a otros más antiguos y otrora intocables como los Abiertos de San Diego y Phoenix, e incluso amenazando la supervivencia de un clásico como el Bob Hope?
Y lo más importante, ¿cómo se ha consolidado una alternativa en el contexto de un PGA Tour hipermusculado tras el desembarco de los millonarios playoffs de la FedEx Cup, con unos torneos que superan sin dificultades los cinco y los seis millones de dólares en premios y ofrecen una cómoda y, teóricamente soleada, transición entre los distintos territorios de Estados Unidos, comenzando por el archipiélago hawaiano, y continuando con la costa oeste, Florida, Texas y el resto de estados que conforman la región sur (la Southern) antes de adentrarse en terreno de majors y desembocar en los grandes mercados golfísticos de Nueva Jersey, Massachusetts, Illinois y Georgia?
Porque lo cierto es que tras la irrupción de la FedEx Cup las principales paradas del Circuito Europeo entraron en una especie de psicosis colectiva y se dieron a la búsqueda y captura de las escasas fechas en que no tuvieran que hacer frente a la competencia de los grandes torneos estadounidenses. Ahí tenemos las precipitadas defunciones de pesos pesados como el Players Championship of Europe, el German Masters, el British Masters y el European Open, que han terminado por esquilmar las ya tradicionales etapas centroeuropea y británica del Circuito Europeo, esta última muy afectada por el traslado del The Players Championship al mes de mayo.
De hecho, hasta la consolidación del Gulf Swing, el Circuito Europeo solo conseguía sobresalir en torno a los cuatro puntales de su calendario: el PGA de Wentworth, el The Open Championship, los torneos centroeuropeos que escoltaban a la Ryder Cup, y el fin de fiesta en el Volvo Masters de Valderrama. Y en esos años, el Qatar Masters y el Dubai Desert Classic apenas destacaban en las semanas posteriores al Accenture Match Play Championship, en plena colisión con el Florida Swing del PGA Tour y con la sombra del Masters de Augusta en el horizonte, por mucho que acaparasen algunos titulares con las presencias puntuales de Tiger Woods, Ernie Els o Colin Montgomerie.
Así, la clave habría que situarla en el año 2006, cuando el Circuito Europeo apuesta por adelantar la celebración de los dos torneos del golfo Pérsico ya existentes en el calendario y los coloca a continuación del inaugural Abu Dhabi Golf Championship en pleno mes de enero. Con este sencillo cambio, desde las oficinas del londinense club de Wentworth se ofrecía a sus miembros una forma inmejorable de comenzar la temporada. Atrás quedaban los años donde el inicio del curso golfístico era sinónimo de interminables horas de vuelo, jet lag, y disparidad climática. Se ofrecía una cómoda alternativa, que combinaba la cercanía (Qatar y los Emiratos Árabes Unidos apenas están separados por trescientos kilómetros, rápidamente franqueables gracias a las excelentes comunicaciones aerofluviales con las que cuentan), con el clima soleado, la uniformidad de campos y un nivel de organización sin parangón en el European Tour, y a la altura de los mejores torneos del PGA Tour, además de suculentos fijos de salida que terminaban por disuadir a los más desconfiados.
De golpe, jugadores del calibre de Vijay Singh (2º en el OWGR de 2006), Sergio García (6º) o Chris DiMarco (11º) elegían el desconocido enclave del Abu Dhabi Golf Club para arrancar la temporada. Al año siguiente, eran Retief Goosen (8º) y Pádraig Harrington los que intentaban probar fortuna seducidos por el “boca a boca” que se iba produciendo en el mundillo profesional. En 2008, eran Luke Donald, Ian Poulter o Adam Scott algunos de los clasificados en el top 25 del ránking mundial que no se resistían a los encantos de este oasis petrolífero. Y desde 2009 eran jugadores afincados en el PGA Tour los que se decidían a cambiar de desierto, como Trevor Immelman, Anthony Kim, Camilo Villegas, Geoff Ogilvy y hasta el siempre reacio Phil Mickelson, convencido ya de las bondades transoceánicas… y todo gracias a la poderosa influencia del banco británico HSBC, flamante patrocinador del torneo de Abu Dhabi desde 2011.
En definitiva, el Circuito Europeo no solo conseguía retener y concentrar a sus mejores espadas durante las tres semanas de la gira del golfo Pérsico (ahora cuatro, tras la incorporación este año del Volvo Golf Champions), sino que además lograba atraer a pesos pesados del PGA Tour, causando un devastador efecto en los torneos paralelos del West Coast Swing, que de superar sin dificultad los cincuenta y hasta sesenta puntos del ránking mundial para el ganador en 2005, ahora se las ven y se las desean al comprobar que el calendario les ha deparado un amenazador enfrentamiento con alguna de las cuatro paradas arábigas.
Si comparamos la evolución de los puntos del ránking mundial que otorgaban estos campeonatos entre 2005 y 2011 descubrimos cómo absolutamente todos han reducido considerablemente su botín de puntos, especialmente el Bob Hope Classic (54 puntos en 2005, pierde la cota de los 40 en 2008 y bordea la del 30 desde 2009 hasta ahora), pero también los indispensables de Torrey Pines (que de rondar habitualmente los sesenta lleva tres años moviéndose por debajo de los cincuenta) o Scottsdale, que por primera vez en su trayectoria ve comprometida la cifra de cincuenta puntos del ránking mundial, palabras mayores para un Abierto de Phoenix con más de seis millones de dólares en premios y varios centenares de miles de aficionados dispuestos a contagiar su bullicio a los greenes.
Hasta intocables como el Pro-Am de Pebble Beach se encuentra lejos de sus mejores guarismos, y todo un clásico como el Abierto de Los Ángeles en Riviera ha cerrado su tercer año consecutivo marcando mínimos.
Y para confirmar nuestras sospechas baste el ejemplo del Sony Open, primero de la temporada regular tras el “winners only” de Kapalúa y que siempre se había caracterizado por ofrecer uno de los primeros “fields” potentes del año. Pese a no formar parte del West Coast Swing, desde 2006 siempre se ha visto afectado por el torneo de Abu Dhabi, ya fuera por precederle en el calendario (2006–2008 y 2010–2011) o por coincidir con él en 2009, y nunca más ha vuelto a saber de los sesenta puntos del ránking mundial que otorgó en 2005, manteniéndose a duras penas en torno a los cincuenta puntos al ganador.
Sin embargo, esta sería una aproximación individual a los efectos del Gulf Swing sobre cada abierto o clásico del West Coast Swing, pero ¿qué ocurre si hacemos una comparativa global? ¿Qué resultado obtenemos al enfrentar la media de puntos del ránking mundial de los tres torneos del golfo Pérsico (cuatro desde 2011) con sus homólogos estadounidenses?
Si en 2006 el PGA Tour salía victorioso del envite con una media de 9,33 puntos del OWGR más que los torneos del European Tour y con sus tres torneos ofreciendo más puntos, en 2007 la diferencia se estrecha hasta el empate técnico (+0,67); en 2008 repunta hasta los 4 puntos, y desde 2009 es el European Tour el que se impone a los puntos (+8 de media en 2009, +9,33 en 2010, y +5,5 en 2011, con la salvedad de que en este último año al efectuarse la media sobre cuatro torneos resulta más difícil mantener la misma diferencia que cuanto se computaban tres) y en un mayor número de duelos individuales.
Para terminar nuestro análisis del Gulf Swing frente al West Coast Swing, os invitamos a que echéis un vistazo a la clasificación del ránking mundial a 14 de enero de 2011, antes de que comenzaran ambas giras en sus respectivos circuitos.
De los diez jugadores por entonces clasificados en el top ten, solo tres se dejaron caer por la costa oeste estadounidense, Tiger Woods (en su anual parada de San Diego), Jim Furyk (Pebble Beach) y Phil Mickelson, por partida triple. En total, tres jugadores y cinco participaciones.
Si repetimos la operación en el golfo Pérsico, hasta ocho jugadores pisaron los verdes greenes del desierto, con quince participaciones. Únicamente Luke Donald, Jim Furyk y Ernie Els rechazaron la posibilidad de inaugurar el año en estas áridas latitudes.
Evidentemente, si rascamos un poco más y ampliamos el muestreo al top 20 del OWGR las distancias comienzan a acortarse (European Tour: 13 golfistas y 26 participaciones; PGA Tour: 7 golfistas y 16 participaciones), y si tomamos como referencia el top 50 ya sí podemos hablar de igualdad o incluso de ligera superioridad del PGA Tour (ET: 20 golfistas y 47 participaciones; PGAT: 23 golfistas y 51 participaciones), aunque a todas luces insuficiente para un circuito que ofrece torneos que duplican y casi triplican la dotación económica oficial y que cuentan con el beneficio de la proximidad geográfica del primer gran campeonato de la temporada, el WGC Accenture Match Play.
Comparativa del calendario de los top 50 de la clasificación mundial. A la izquierda, los cuatro torneos del Gulf Swing: Abu Dhabi HSBC Championship, Volvo Golf Champions, Commercialbank Qatar Masters y Omega Dubai Desert Classic. A la derecha, los torneos coetáneos del PGA Tour: Bob Hope Classic, Farmers Insurance Open, Waste Management Phoenix Open y AT&T Pebble Beach National Pro-Am
(Gráfico a mayor resolución: http://img193.imageshack.us/img193/9410/grficogulf.jpg)
Ya veremos que ocurre en los próximos años, sobre todo con el clima de inestabilidad que se vive en la cuenca mediterránea (en un futuro cercano se hablaba de la posibilidad de que el Abierto de Egipto se sumara al Desert Swing del Circuito Europeo) y arábiga, y la incertidumbre que rodea al Bob Hope Classic estadounidense, que languidece en ausencia de un sponsor que revierta su situación terminal.
Pero mientras tanto, podemos afirmar sin temor a equivocarnos que el Gulf Swing se ha convertido, por méritos propios, en la mejor forma de comenzar el curso golfístico. Y si no que se lo digan a Martin Kaymer, nuevo número uno mundial y vencedor previamente en el Abu Dhabi HSBC Golf Championship.
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