Este sitio emplea cookies de Google para analizar el tráfico. Google recibe información sobre tu uso de este sitio web. Si utilizas este sitio web, se sobreentiende que aceptas el uso de cookies.

Zona Pro

El idioma de Matteo Manassero

Enrique Soto | 26 de mayo de 2013

Cuarta victoria del italiano en cuatro temporadas en el Circuito Europeo (foto de Getty Images)

Corría el mes de abril de 2010 cuando un joven de diecisiete años conseguía finalizar trigésimo sexto en el Masters de Augusta. Ya había terminado entre los veinte primeros en el Open Championship la temporada anterior, además de superar cortes en otras pruebas del Circuito Europeo con regularidad, como quien lleva ya tiempo codeándose con la élite. Su nombre era Matteo Manassero y, como otras grandes promesas, estaba destinado a destacar en las citas importantes. Poco después de pasarse al profesionalismo, ganó su primer torneo en Castellón, en octubre. En abril llegó el segundo en Malasia y en noviembre de 2012 el tercero en Singapur. Parecía imposible equivocarse con él. Ese desparpajo italiano tenía potencial para alcanzar a los mejores del mundo.

Algo limitado en la distancia que conseguía desde el tee, siguió un plan de entrenamiento al final de la pasada temporada que incluso le hizo parecer enfermo cuando acudió al Volvo Golf Champions, su primera prueba de 2013. Había adelgazado lo suficiente como para echarse cinco años encima y, desde entonces, su trayectoria ha sido inmaculada. Solo falló un corte, en el Masters, mientras que en Europa su peor resultado fue un vigésimo tercer puesto en Abu Dhabi. El adolescente que brillaba con luz propia se estaba haciendo mayor, convirtiendo el difícil reto de hacer pocos golpes en un negocio próspero y solvente. La lucha por la victoria era entonces una cuestión de tiempo y, justo él, contaba con más que nadie.

Llegó al BMW PGA Championship como el resto de contendientes, empapado por la lluvia y abrigado hasta las puntas de los dedos ante un resucitado invierno inglés. Wentworth parecía adaptarse bien a sus condiciones: lo suficientemente largo como para hacer valer su precisión y engañoso y complicado en los metros que verdaderamente importan, es decir, los cercanos a green. Matteo escapó de las tormentas con vueltas de 69 y 71 golpes, en un acumulado de menos cuatro. Estaba jugando el campo siguiendo fielmente un manual que evitaba los grandes errores, promediando uno o dos bogeys en cada vuelta. Muchos se subieron a las barbas de la clasificación antes que él: James Kingston, Francesco Molinari, Alejandro Cañizares, Lee Westwood, Marc Warren… la lista de contendientes era amplia y variada. Silencioso y constante, el italiano firmó otras dos vueltas de 69 impactos.

Parecía no haber hecho nada fuera de lo común, aprovechando sus oportunidades y no cediendo más que lo inevitable, pero su acumulado de menos diez figuraba en lo más alto de la tabla, junto al de Simon Khan y Marc Warren. En los otros torneos que ganó había sucedido de forma similar. No pega golpes desde los árboles, no dibuja grandes curvas con sus tiros a green, no mete putts de veinte metros… Su entrenador, Alberto Binaghi, declaró hace tiempo que la clave para distinguir a un gran jugador de uno simplemente bueno era algo tan sencillo como “la capacidad para hacer pocos golpes”. En Inglaterra estaba sucediendo otra vez. Matteo se iba quedando en primera posición sin hacer nada aparentemente sobrenatural. Simplemente, estaba jugando al golf.

El playoff a tres bandas fue la demostración empírica de este raro fenómeno. Pegó tres maderas tres idénticas al centro de la calle del hoyo 18 para intentar atacar el green en dos impactos. Un birdie en el primero dejó fuera a Warren, que ya comenzaba a sentir la presión desde que embocara desde unos cien metros en el 13. Khan, sin embargo, iba a resultar un hueso más duro de roer. Empataron el segundo con un par y el tercero con un birdie, incapaces ambos de parar sus golpes en el green del par 5. Entonces, cuando la sucesión parecía volver a repetirse, Manassero sacó el driver de la bolsa y dejó su bola veinte metros más lejos. Había que llegar de dos y esperar el falló del rival, y llegó rápidamente. Warren se fue al agua y Matteo, fiel a su estilo y condiciones, dejó su segundo impacto a ocho metros de bandera. Era su cuarta victoria en el circuito en menos de cuatro temporadas pero, sobre todo, era la confirmación de su potencial para ganar ante los mejores del mundo, en un gran escenario. En el camino quedaron Rory McIlroy, Graeme McDowell, Sergio García, Justin Rose, Luke Donald… todos los héroes de Medinah superados por un chico que, aparentemente, no le pegaba lo suficientemente lejos.

Los estilos de juego son como los idiomas: variados, distintos, ricos y complejos. Que le pregunten a Miguel Ángel Jiménez, que después de romperse una pierna, a los cuarenta y nueve años, finalizó este torneo en cuarta posición, empatado con un Alejandro Cañizares más consistente que nunca. Pueden formularle la misma cuestión a Pablo Larrazábal, decimosegundo y en la brecha una semana más en la que el viento, la lluvia y las dificultades cobran protagonismo; o incluso a Sergio García, agobiado por preguntas peligrosas y de nuevo entre los veinte primeros. Pero sobre todo, es necesario preguntarle a Matteo Manassero por su lengua natal y que, en el caso del golf, está muy lejos de parecerse al italiano. Es más rara y difícil de imitar, incluso con años de aprendizaje. Este chico habla el idioma de los grandes campeones.

Resultados completos

1 comentario a “El idioma de Matteo Manassero”

  1. El 27 de mayo de 2013 albert ha dicho:

    Increible manassero, me hibiera encantado un play-off manassero – jimenez.

Deja un comentario

Si estás registrado, la publicación de tus comentarios será instantánea. Asegúrate de escribir correctamente tanto tu nombre de usuario como la dirección de correo electrónico que incluiste durante el registro.
Si no estás registrado, tus comentarios quedarán pendientes de moderación. Regístrate aquí.

Comentario: