Campo largo, calles anchas y varios de los mejores del mundo sonriendo desde el tee de salida. Es lo que está ocurriendo estos días en el Plantation Course de Kapalua, sede del Hyundai Tournament of Champions. Allí se plantó ayer Dustin Johnson, campeón defensor, dispuesto a seguir la misma estrategia que hace doce meses: romper la bola con su driver, atacar los pares 5 en dos impactos y confiar en que su potencia le otorgue múltiples oportunidades de birdie. El despliegue fue espectacular: hizo birdie en la mitad de los hoyos de la segunda jornada.
“Este campo se adapta bien a mí”, comentó. “Puedo alcanzar todos los pares 5 y hay algunos hoyos cortos donde puedes dejar el drive cerca de green, por lo que si pateo y chipeo bien voy a entregar siempre un buen resultado”. Fue una vuelta agradable para el estadounidense, que lleva ganando durante las últimas siete temporadas en el PGA Tour. Este escenario, al este de Maui, va camino de convertirse en uno de sus territorios de caza favoritos. Tras finalizar las nueve primeras pruebas ya marchaba con menos seis. Al entregar la tarjeta, había firmado un menos siete que le hacía subir nueve posiciones en la tabla, hasta la segunda en un acumulado de menos diez. Ni le hizo falta una gran primera jornada para situarse con opciones de victoria.
No parece necesario rendir siempre al máximo en Kapalua para llegar al domingo en una buena situación, pero como demostró el líder, sí que va a hacer falta desplegar un gran golf. Si Dustin consiguió birdies en cada par 5, Zach Johnson no lo hizo en ninguno de ellos, pero en sus tarjetas se reflejaba el mismo resultado. “¿Estoy sorprendido? No,” declaró. “Solo han pasado dos días, estoy a mitad de camino. Estoy muy cómodo compitiendo. Uno de mis objetivos cada año son esos pares 5, y estoy algo decepcionado ahora mismo. Pero me sobrepondré”. Fueron cuatro pares en las, a priori, pruebas más accesibles en Kapalua, pero Johnson compensó esa falta de distancia con una sórdida brillantez a lo largo del día; la misma que le llevó a vencer a Woods en la última prueba que jugó en 2013.
“Cuando estás cómodo y a buen nivel, ¿importa de verdad qué campo estás jugando?”, ha declarado en ocasiones. Él sabe que no suele ser el favorito del público, pero su forma de ganar torneos dista mucho de la de Dustin. No pega golpes espectaculares desde el tee, su precisión con el driver no le mete en problemas y no es fácil verle intentando golpes imposibles a través de unas ramas. Zach, en muchos sentidos y para el gran público, es un jugador aburrido. “Cuando entro en la sala de prensa y explico mi día tienen que estar bostezando”, ha dicho en otras. Ese modo de jugar, basado en la precisión y no en la creatividad, le ha valido un Masters, así como tras nueve victorias en el circuito.
Por eso será difícil bajarle de su acumulado de menos trece, desde donde cuenta con tres impactos de ventaja sobre Dustin, Matt Kuchar y Jordan Spieth. Son los cuatro hombres mejor situados a mitad de camino, con Webb Simpson y Michael Thompson esperando desde el menos nueve y Ryan Moore y Kevin Streelman desde el menos ocho. El panorama sigue bien abierto en Hawai, pero un hombre que acostumbra a aburrir a las gradas desplegó un catálogo de golpes que bien podrían dejar con la boca a abierta a quien no le conociera. Zach aburre, pero no por falta de espectáculo. Él nos ha acostumbrado a ello.
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