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El número uno del ranking mundial como combustible

Enrique Soto | 23 de febrero de 2012

Luke Donald quedaba eliminado del Accenture Match Play en primera ronda. No fue su mejor día de golf. Hace unos años la noticia no habría supuesto una sorpresa; se trataba de un jugador notable con mucho potencial pero ni había ganado un gran torneo ni su posición en el ranking mundial era la actual, la primera.

Son muchos los detractores del sistema que se utiliza para distinguir a los mejores jugadores del mundo. El método de puntuación no es precisamente sencillo, varía según los torneos y, en ocasiones, se presentan situaciones controvertidas, la mayoría de ellas en forma de grandes saltos de posiciones. Diseñar otro mecanismo no es tarea fácil. En un deporte repleto de estadísticas y valores a tener en cuenta cualquier simplificación supondría una pérdida de exactitud y, por ende, una discordancia con la realidad. Por eso los mismos detractores del sistema son también los primeros que lo tienen muy en cuenta a la hora de valorar el panorama actual del golf. Luke Donald es el actual número uno del ranking y nadie discute su posición. Se la ha ganado.

Hace diez años la situación era relativamente similar, con la diferencia de que el número uno se identificaba con un solo jugador, dueño y señor del más alto puesto. Tiger Woods necesitaba un sistema aparte que valorara sus proezas en el campo y la lucha se centraba en la segunda posición y, por supuesto, en las primeras cincuenta que dan acceso directo a los grandes torneos (majors incluidos). Su reinado llegó hasta 2010 y, desde entonces, varios nombres le han sucedido.

Tanto Lee Westwood como Martin Kaymer o el propio Donald han visto como sus buenas rachas de juego les elevaban al número uno pero en ninguno de los casos se ha podido ver un dominio tan aplastante como el del estadounidense. Los tres son grandes jugadores y representan el poderío que el golf europeo demostró en la última Ryder Cup disputada en Celtic Manor. Existe una diferencia entre ellos y Woods. Desde que comenzó su carrera, Tiger parecía destinado a ser el mejor. Es evidente que la única forma de conseguirlo es ganar un torneo tras otro y, en consecuencia, escalar en el ranking; pero en su caso el objetivo también pasaba por dominar la clasificación y ser reconocido oficialmente como mejor jugador del mundo. Era su combustible, su motivación y un requisito imprescindible para ser el mejor jugador que haya existido nunca.

No se observó una situación similar con sus sucesores. Bien es cierto que se encontraban orgullosos de ocupar el primer puesto y pudimos escuchar declaraciones del tipo: “Es la prueba de que he trabajado bien durante el último año”. En aquellos momentos ser el mejor ya no era un objetivo ineludible, sino un premio, y su rendimiento, unos antes que otros, se ha resentido. No dejaron de obtener victorias ni se notó el peso de la responsabilidad en su juego, pero de alguna forma se notaba que habían llegado a ser los primeros jugando a su más alto nivel, sin reservas, tocando techo. Es muy complicado aguantar un ritmo tan alto a largo plazo y supone la diferencia entre ser el mejor y dominar el panorama golfístico.

Luke Donald ha sido el que más se ha aproximado pero a comienzos de este año su nivel ha bajado (puesto cuadragésimo octavo en Abu Dhabi y quincuagésimo sexto en el Northern Trust Open), abriendo la puerta a una posible sucesión.

Hay un firme candidato a relevarle. Es un chico de Irlanda del Norte y se ha marcado como objetivo ser el mejor. “Es otro incentivo despertarte cada mañana y saber que al final del día, si ganas tu partido, serás el número uno”, declaraba Rory McIlroy en Arizona, donde se está disputando el Accenture Match Play. Su historia tiene ecos similares a la de Tiger: apariciones televisivas en su niñez como prodigio en ciernes, una victoria al poco tiempo de hacerse profesional y una capacidad de batir al resto de jugadores inusitada cuando está en su mejor forma. Pero además McIlroy tiene la convicción de que tiene que ser el mejor. No le basta con ganar un U.S. Open o seguir acumulando torneos. Ya sea por igualar a Caroline Wozniacki, su actual pareja, y conseguir una foto juntos como los deportistas dominantes en sus respectivas disciplinas, o quién sabe si por motivos mucho más ambiciosos, como el de Tiger, y convertirse en el mejor de la historia. En su caso el número uno parece un peldaño más, no la cumbre.

1 comentario a “El número uno del ranking mundial como combustible”

  1. El 23 de febrero de 2012 El número uno del ranking mundial como combustible « Enrique Soto ha dicho:

    […] Publicado en Crónica Golf Compártelo:TwitterFacebookMe gusta:Me gustaSé el primero en decir que te gusta esta post. Publicado: 23/02/2012 Filed Under: Sin categoría Etiquetas: Caroline Wozniacki : Lee Westwood : Luke Donald : Martin Kaymer : Ranking Mundial : Rory McIlroy : tiger woods […]

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