«Los que vengan detrás, que arreen», habría dicho Martin Kaymer si en lugar de nacer en Düsseldorf lo hubiera hecho en la meseta castellana, pero el tópico es igual de aplicable en este US Open que está a muy poco de saltar por los aires gracias a la impresionante eficacia del alemán.
Por segundo día consecutivo, Kaymer se hacía uno con el universo y con el recorrido número 2 de Pinehurst para firmar otro 65 (con cinco birdies sin fallo) y batir un carromato de récords de anotación en la que suele ser la prueba más dura del golf profesional. Con 130 golpes, Kaymer se echa al zurrón el récord histórico del resultado más bajo en un US Open después de 36 hoyos, iguala la ventaja más elevada después de las dos primeras jornadas (seis golpes por el segundo) y se convierte en el primer jugador que firma dos vueltas consecutivas de 65 o mejor en un major. Casi nada…
Habrá quien le busque pegas a su hazaña y le quiera colocar un asterisco por las condiciones benignas que se están dando en Pinehurst (salvo en las últimas horas de la tarde, cuando se levantó el viento), pero Kaymer ha sido el único capaz de sacar el máximo partido a esas circunstancias. El segundo clasificado, a seis golpes, es un sorprendente Brendon Todd… o no tan sorprendente si tenemos en cuenta que lo peor que ha hecho en sus tres últimos torneos es quedar octavo (también tiene un triunfo y un quinto puesto) y cierran los estadounidenses Kevin Na y Brandt Snedeker, el yin y el yang en cuanto a celeridad golfística.
Con Craig Connelly a su lado, el caddie que mejor lo conoce y con quien ganó en Whistling Straits el PGA Championship, ahora mismo a Martin Kaymer se le ven escasas grietas… pero en un US Open no es descabellado ver vuelcos de diez o más golpes de una vuelta a la siguiente (que se lo digan a Jaime Donaldson, autor de un 81 después de su 70 inicial… y con el campo «amable). Si no llueve, sopla el viento y el campo se seca un poco más, la USGA puede meter esa marcha adicional en la dificultad del campo que ponga la emoción que Kaymer le está hurtando al torneo con su apisonamiento.
Aun así, Kaymer ha demostrado sobradamente que es capaz de ganar en circunstancias de presión extremas (véase la victoria europea en la Ryder de Medinah o su triunfo en el The Players de este año). Aunque contenga las emociones sin descomponer el gesto, seríamos injustos si lo metiéramos en el mismo cajón estereotípico de Bernhard Langer o de otros compatriotas más o menos robóticos. Es eficaz y metódico, pero la sangre corre por sus venas y casi siempre sabe aprovechar ese hecho.
Por detrás, además de los ya mencionados, como rivales más cualificados aparece el trío compuesto por Dustin Johnson, Keegan Bradley y Henrik Stenson con -2, mientras que bajo par también están Matt Kuchar, Jordan Spieth y Rory McIlroy, a quien Kaymer le birlaba el récord de anotación en un US Open después de dos jornadas que logró en Congressional con 131 golpes.
En cuanto a los españoles, el tramo final de la segunda vuelta se cebó con los nuestros y solo Sergio García jugará el fin de semana en Pinehurst. Gonzalo Fernández-Castaño era el primero en caer en el turno matinal y, por la tarde, Pablo Larrazábal claudicaba después de nueve hoyos finales funestos y Miguel Ángel Jiménez cedía a causa de un durísimo doble bogey en su penúltimo hoyo después de una vuelta de altibajos en la que seguramente mereció más.
Queda Sergio García en la cuadragésimo cuarta plaza con +4 después de entregar un 71 engañoso. Pagó con un doble bogey que le cortaba las alas el único error grave de su vuelta en su segundo hoyo (el 11), y después de bregar incansablemente para colocarse bajo par, una clara oportunidad de birdie en el hoyo 9 (su último compromiso) se convertía en un inoportuno «tripateo» que le dejaba cariacontecido. El de Borriol tendrá que pasar a la ofensiva durante el fin de semana y a esperar que Pinehurst equilibre e iguale. En cualquier otro torneo catorce golpes serían insalvables en dos jornadas; en un US Open hay algún pequeño resquicio.
Entre los ilustres damnificados destaca la presencia de los «chaquetas verdes» Bubba Watson, Charl Schwartzel y Ángel Cabrera, los ingleses Luke Donald o Lee Westwood y los estadounidenses Jason Dufner y Hunter Mahan, este último por culpa de una penalización sufrida al jugar bola equivocada.
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