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Kronos, un putter forjado con el corazón

Redacción | 04 de enero de 2015

Shark Tank es un reality show estadounidense en el que los emprendedores buscan financiación para sus productos o proyectos, explicándolos y mostrándolos en el programa ante cinco potenciales inversores. Los aspirantes a empresarios llevan una cifra en la mano que es la necesaria para llevar a cabo el proyecto y a cambio los inversores reciben un tanto por ciento del accionariado. Hasta aquí todo correcto y sin demasiada relación con el golf, pero lo interesante es que el 26 de septiembre un joven empresario llamado Phillip Lapuz conseguía los 150.000 dólares necesarios para implantar en los EE. UU. un modelo único de putter: el Kronos.

Más allá de lo que este tipo de programas proponen para fomentar la lágrima fácil, la historia está rodeada de un halo de romanticismo que le da sentido y que habrá que explicar a través de los dos vertientes. Por un lado, el aspecto meramente creativo y técnico del asunto. Tanto el fundador de la empresa, el ya mencionado Philip Lauf (japonés para más señas y esto es algo que cobra mucha importancia a partir de ahora) así como su director creativo, Eric Williams, mantienen con firmeza que son los putters más precisos del mundo por su equilibrio a la hora de moverse en la línea de visión del jugador. Así de entrada no está mal para presentar un producto.

Además, el nombre proviene de la mitología griega ya que Cronos (el latino Saturno) es el dios que personificaba el tiempo en una época en la que, según las palabras de Lapuz, “la vida era simple y pura”. Esa pureza se ha perdido, según los pensamientos de los creadores del putter, y “el material actual se ha alejado de las tradiciones hacia los trucos y las falsas promesas”. Efectivamente, estamos en el punto en el que el Bushido entra casi de puntillas en el mundo del golf y solo nos falta definir por qué reside tanta precisión en el filo del putter, como si de una katana milenaria se tratara.

La explicación también tiene mucho de tradición guerrera japonesa, ya que Lauf estudió en Osaka donde formaba parte del equipo de golf. El material del que disfrutaban en la universidad era de tal nivel que, cuando fue a San Diego a la boda de un amigo y vio los palos que tenían en las tiendas de la zona, se dio cuenta que distaban mucho de los estándares que él mismo se exigía. Decidido, se puso a diseñar por su cuenta los palos y el padre del amigo de la boda prometió apoyarle en la fabricación. Leuf se metió a fondo evitando fallos clásicos (que afectaban a la dureza en el golpeo, el sonido al hacer contacto, la estética de la artesanía, etc). de tal manera que consiguió llegar al equilibrio perfecto con la forja de Kronos. Palos creados a partir de un único bloque sólido de acero, fresado durante más de dos horas, la única empresa en hacerlo en el mundo, y cada uno de ellos fabricado a mano, buscando esa perfección que exige la tradición nipona.

Además del aspecto técnico y creativo basado en la recuperación de la pureza de la  tradición artesanal japonesa, hay que añadir otro componente romántico en el desarrollo de la empresa. Phillip Lauz era un consultor de éxito que dejó todo por el sueño de crear el putter perfecto, algo que no vieron bien los padres de su novia. Ambos estaban prometidos, pero cuando Lauz decidió viajar a EE. UU. y lanzarse a por su sueño, sus suegros dejaron en suspenso el matrimonio así como cualquier viaje de la joven para visitarle hasta que la empresa tuviera éxito.

Sí, estas cosas pasan en Japón, ya que en el país del sol naciente en muchos caso cuenta más el posible desarrollo social y la estabilidad económica. Esta historia conmovió hasta las lágrimas a parte del jurado del programa, y aún con todo hubo suspense hasta el final porque únicamente la apuesta final de uno de ellos pudo hacer que el sueño de Lauz se hiciera realidad, eso sí, a cambio del 30% del accionariado. Veremos cómo evoluciona el proyecto y si pronto observamos a algún jugador del PGA Tour exhibiendo estas armas. Quizá así, por fin, Lauz se reencontrará con su prometida. Fin del cuento.

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