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La caída en las licencias de golf, bajo el microscopio

Óscar Díaz | 09 de enero de 2014

Llegaba enero con el inexorable cargo en cuenta del importe de la licencia de golf y, días después, con el anuncio de un notable descenso en el número de federados con respecto al año pasado, tendencia esperada y generalizada en todas las comunidades autónomas, con una incidencia especial, en términos absolutos, en tres de los principales viveros: Madrid, Cataluña y Andalucía.

Las cifras puras y duras

Como anunciaba esta misma semana la RFEG en un comunicado, a 31 de diciembre de 2013 había 296.464 licencias, 18.837 menos que un año atrás por esas fechas, un descenso del 6 % que se convierte en el peor dato porcentual de la historia de esta federación y que lleva al golf a perder la cota de los trescientos mil federados. Esta es la cuarta caída consecutiva del número de licencias, los cuatro únicos descensos que se han dado en los últimos 50 años.

La principal justificación oficial de esta reducción ha sido la crisis económica que barre la sociedad española (y mundial) desde hace unos años, pero sin querer alejar el foco de este problema y de su innegable influencia, conviene hacer un análisis pausado de las cifras para ver si deja traslucir una tendencia que escape al ámbito de la coyuntura actual.

Desde 1968 hasta 2003 el aumento de federados no alcanzó el doble dígito porcentual únicamente en cuatro ocasiones: 1979 (+8,8%), 1984 (+7,6%), 1985 (+9,4%) y 1994 (+9,9%). Sin embargo, desde primeros de 2004 se perdió esa cota habitual de crecimiento (como puede verse en la evolución histórica de licencias) y posteriormente se produjo un periodo de deceleración paulatina, hasta que en 2011 se contabilizó la primera caída neta histórica en el número de federados. Por lo tanto, el descenso de federados ha coincidido con la fase más cruda de la crisis mundial (que dio sus primeros coletazos en agosto de 2008), pero desde 2004 las cifras ya empezaban a dar ciertas pistas.

La reducción de 2014, un 6% del total, es la más acusada del registro histórico y se espera que este año España vuelva a encabezar el ranking de naciones europeas en las que más licencias se han “destruido”, estadística que nuestro país ya lideró el año pasado cuando se perdió el 3,5% (según el documento Golf participation in Europe 2013 de KPMG). Desde el techo de 338.588 federados alcanzado a principios de 2010 se ha producido una caída del 12,44% hasta las 296.464 licencias actuales.

Además, y para echar algo más de sal a la herida, lo más normal es que la caída se agrave durante los meses de abril-mayo de 2014, cuando finalice la contabilización de las bajas y no renovaciones producidas durante los primeros meses del año. Con la previsible pérdida de veinte o veinticinco mil licencias que se dará dentro de unos meses, la cifra de federados pasará a estar entre los 275.000 y los 280.000, situándose a niveles de principios de 2006.

Buscando paralelismos en nuestro país dentro del histórico de licencias del Consejo Superior de Deportes (hasta 2011 y 2012), si tenemos en cuenta los deportes con más de 10.000 federados, también encontramos notables descensos en deportes que podrían responder a un perfil sociodemográfico similar al golf (actividades subacuáticas, aeronáutica, deportes de invierno, caza, pesca, motociclismo o las distintas modalidades de tiro) y alguna excepción llamativa y seguramente relacionada con el auge de los deportes vinculados al aire libre y la naturaleza (hípica, montaña y escalada, orientación, triatlón, etc.).

El arraigo del golf en la sociedad

Negar los pasos de gigante que se han dado en las dos últimas décadas para popularizar el golf y conseguir su normalización sería dar la espalda a la realidad, aunque las causas de fondo sean difusas: el crecimiento económico y su inercia, el impacto de las figuras españolas de talla mundial, las gestiones federativas y la progresiva salida del golf de su “gueto elitista” sirvieron para que se pasara de los 45.000 jugadores que había en España en 1990 a los casi 300.000 actuales.

Con frecuencia recurrimos a un socorrido mantra para reivindicar la importancia de nuestro querido deporte y hacer ver su popularización a los legos en la materia: que el golf es el cuarto deporte en número de licencias, solo superado por el fútbol, el baloncesto y la caza. Esta máxima tiene una sólida base empírica (ahí están las estadísticas de 2012), pero pasa de puntillas sobre la cuestión de fondo: el escaso arraigo que tiene el golf en la sociedad, una tara que tiene su correspondiente reflejo en diferentes ámbitos (desde la importancia que se le concede en los medios generalistas al reconocimiento de sus méritos en ambientes no especializados).

Esta, por desgracia, no es una impresión subjetiva. Según las estadísticas recogidas en la Encuesta sobre los hábitos deportivos en España 2010 y el Anuario de estadísticas deportivas 2013, el golf figura en la vigésimo segunda posición de deportes más practicados (alcanza al 1,2% de la población, agrupando golf y pitch & putt), muy por detrás de esa cuarta posición en la clasificación de deportes por número de licencias.

Pese a gestos puntuales (e importantes, sin duda) como la concesión del Premio Príncipe de Asturias de los Deportes a José María Olazábal o el impacto más o menos periódico de competiciones de relumbrón (especialmente la Ryder y la Solheim), el golf suele ocupar un modesto segundo plano de cara al gran público y no se ha beneficiado del crecimiento desbocado del número de licencias que se ha dado en las últimas dos décadas y media. Y se hace difícil pensar que lo que no se ha logrado hasta ahora se vaya a conseguir en estos nuevos tiempos de “economía de guerra”, en los que hay que medir los esfuerzos y combinar las medidas didácticas con las económicas para escapar del carácter más o menos endogámico del golf. Los estigmas que habitualmente rodeaban al golf se van erosionando solos, sobre todo entre los que conocen el deporte, pero sigue habiendo una parte importante de la sociedad que permanece ajena a su realidad y que lo siguen considerando tan lejano como un crucero en yate de lujo, por recurrir a otro topicazo.

Por otro lado, la obligatoriedad de estar federado para jugar al golf impone un “techo de vuelo” al número de practicantes de este deporte (es decir, el máximo de practicantes se corresponde con el máximo de licencias expedidas, a grandes rasgos) y es uno de los principales caballos de batalla en la situación actual, un aspecto sobre el que volveremos más adelante y que influye incluso en la imagen que tiene este deporte entre sus propios federados.

El asunto de los dineros y alguna leyenda urbana

Parafraseando a James Carville, el estratega de la campaña de Bill Clinton en 1992, “It’s the economy, stupid”. Si bien la tendencia de desaceleración del número de licencias era previa al estallido de la crisis económica, es ahora cuando la crisis se está cebando con los federados. Los golfistas se plantean si actualizan su material, sus derechos de juego o incluso si se permiten el lujo de jugar X veces al mes (o al año). Lo impensable hace no mucho se vuelve inevitable y muchos de ellos, sobre todo los jugadores ocasionales o los de bolsillos más castigados, meten la renovación de la licencia en esa batería de interrogantes. Al varapalo general hay que sumar el nada desdeñable efecto de la subida del IVA en el golf, 14 puntos porcentuales en apenas dos años que han afectado por igual a proveedores y a clientes finales.

Ante el descenso de este año, la RFEG y las federaciones territoriales han respondido congelando el precio de la licencia en una medida razonable, sensible y sensata, pero seguramente insuficiente para frenarlo.

Precisamente es el importe de la licencia federativa el quid de la cuestión en el aspecto económico. Por un lado, la gestión privativa del importe de las licencias por parte de las federaciones de golf permite que este deporte se autofinancie y prácticamente no dependa de ayudas del Estado para mantener su estabilidad económica y deportiva, dos frentes ineludiblemente vinculados por la naturaleza del golf. La viabilidad deportiva va de la mano de la viabilidad económica de sus instalaciones y de la industria que lo rodea.

El modelo de la RFEG, autofinanciado e independiente de los vaivenes de las subvenciones, es la envidia de muchas otras federaciones deportivas y, a priori, es una fórmula ideal en los tiempos que corren (recordemos el artículo firmado por Carlos Arribas en El País, 25 federaciones en quiebra técnica). Sin embargo, pese a no suponer una carga excesiva para las maltrechas arcas del Estado, esta circunstancia pasa muy desapercibida y no es extraño que a la federación se le acuse de despilfarro de dinero público, cuando en realidad menos de un 4% de sus recursos proceden del Consejo Superior de Deportes.

Según los datos económicos de 2012 proporcionados por el CSD, el golf recibió durante ese año un total de 438.989,93 € en subvenciones públicas (427.036,93 € de ellos de la Subdirección General de Alta Competición y 11.953,00 € de la Subdirección General de Promoción Deportiva y Deportes Paralímpicos), un 47% menos que la subvención recibida en 2010. Como puede intuirse por el nombre de la subdirección remitente del dinero, prácticamente toda la subvención está destinada al desarrollo de la cantera de élite.

Según esos mismos datos, la RFEG se financia al 96,24%, con recursos propios (licencias, patrocinios y otros ingresos), una cifra que solo está por detrás del 99,99% del fútbol y el 97,44% de los galgos. Aunque el total bruto de la subvención la coloca en el puesto 28º de las 61 federaciones deportivas ayudadas por el CSD, si calculamos los euros recibidos por cada licencia deportiva el golf se va al penúltimo lugar con 1,4 € recibidos por licencia, solo por delante de la caza (que recibe 0,65 € por licencia), y apenas por delante de dos disciplinas tan poco extendidas como la colombicultura y la colombofilia (que superan los 2 € de subvención por licencia).

Por lo tanto, cabría pensar que la RFEG es una de las “niñas bonitas” del CSD por su capacidad de gestión y financiación, pero ¿opinan lo mismo sus federados? ¿Están bien gestionados sus recursos propios?

Toca mentar a la bicha: el importe de la licencia

Recurrimos de nuevo al tópico para afirmar que en época de crisis los gastos se fiscalizan y sufren un escrutinio impropio de otras épocas, desde la multinacional más saneada a la casa más humilde. En el tema que nos ocupa, los indecisos se plantean su continuidad, los jugadores poco habituales prefieren hacerse a un lado y los que llevan sin tocar un palo más de un año tramitan su baja y sueñan con el regreso de la bonanza y el golf. Pero muchos de los federados activos también se piensan si el gasto de la licencia es razonable y, sobre todo, qué están recibiendo a cambio de su dinero.

Por lo expuesto en la sección anterior queda claro que las aportaciones de los golfistas son básicas para la estabilidad de las federaciones y su principal ingreso, pero cabría plantearse si el modelo de negocio actual, basado en la autofinanciación, es sostenible si los federados no están lo suficientemente “fidelizados” y se cuestionan en masa los servicios que reciben de estas instituciones.

Para empezar, la RFEG intenta taponar una posible vía de escape (la de los jugadores que eluden el pago de la licencia pero siguen acudiendo a sus campos) recordando en una circular del pasado mes de noviembre a los campos de golf e instalaciones afiladas a la RFEG que deben exigir la licencia federativa en vigor a sus usuarios, so pena de ser sancionado según lo establecido en el Real Decreto 1591/1992 de Disciplina Deportiva, aunque en dicho Real Decreto no queda establecido si dicha infracción (que cometería el campo o la instalación, no el exfederado) es muy grave, grave o leve (si bien en la pasada circular 78/10, de carácter similar a la 65/13, se mencionaba la posibilidad de desfederar al campo en cuestión). Además del carácter más o menos coercitivo de la recomendación, hay que ver hasta qué punto se implican los campos e instalaciones en la vigilancia de esta medida (sobre todo en esta época de crisis).

Volviendo al federado, no son pocos los golfistas que se cuestionan los servicios que reciben de sus federaciones a cambio del dinero que aportan anualmente a través de sus licencias, difuminándose de este modo la barrera entre “federados” y “clientes” (del mismo modo que las federaciones son entidades privadas con atribuciones públicas). Como en la famosa escena de La vida de Brian, a 1 de enero, en cuanto ven el cargo en su cuenta, se plantean “qué han hecho por ellos los romanos”. Y no sabemos si responden con una retahíla similar a la de la película de Monty Python, pero lo cierto es que la lista es extensa: el seguro del federado, la gestión del hándicap, el desarrollo de instalaciones públicas de golf, el apoyo a la cantera, la puesta en marcha de campañas de promoción como Golf en los Colegios, la profesionalización de la estructura de la RFEG en todos sus estamentos, la creación de clubes de ventajas, la actualización de la web y sus redes sociales, la organización de campeonatos nacionales e internacionales de carácter amateur, la organización de torneos profesionales con implicación de la RFEG, las escuelas de golf adaptado, los programas de formación… Sin duda, una lista extensa que suele pasar desapercibida en el día a día y que solo salta a la vista cuando algo falla (como las recientes incidencias en la actualización del hándicap o la consulta de la ficha de actividad a causa del reciente cambio de sistema).

Sin embargo, la lista de servicios ofrecidos por la RFEG es muy similar a la de otras muchas federaciones y asociaciones nacionales (véase el “What your England Golf membership does for you?” , o traducido libremente «¿Para qué sirve ser federado en Inglaterra?»). Pero, ¿cuesta la licencia lo mismo que en nuestro país?

Según podemos ver en ese mismo enlace, el coste actual de la licencia en Inglaterra (similar al de los demás países de las islas) es de 7,25 libras para hombres y 8,25 libras para mujeres, que además deben pagar 2,5 libras adicionales para afiliarse a la Ladies Golf Union. A esta tarifa hay que sumar el llamado “county affiliation fee”, una tasa que depende del condado de residencia y que eleva el total de la licencia a un abanico comprendido entre los 15 y 25 € (según condado y sexo).

Si nos vamos un poco más lejos, en Australia los adultos pagan por la licencia unos 40 dólares australianos de media (unos 28 € al cambio) dependiendo del tipo de club al que estén vinculados (metropolitano, suburbano, de campo o público) y su territorial. Aunque nos quede lejos, la gestión de Golf Australia parece irreprochable, y no hay más que fijarse en los éxitos en el ámbito amateur y profesional y el impacto mediático logrado por sus jugadores. Y para más INRI, el salario medio español es 500 € al mes inferior al australiano.

Volviendo a Europa, nuestros vecinos franceses pagan 51 € por la licencia de “mayores”, una tarifa más cercana pero todavía inferior a los 74,6 € que paga un español mayor de edad o sénior (siempre que no viva en el ámbito territorial de una federación con cuotas adicionales).

En los tres países elegidos las diferencias con respecto a las tarifas españolas son significativas, aunque también hay otros que han abandonado dicha fórmula. Los golfistas holandeses, por ejemplo, solo pagan anualmente al club de golf al que pertenecen por su condición de socio o abonado, y en Austria se sigue un sistema similar.

El cascabel y el gato

Ante los datos indicados anteriormente, sobre todo los referidos a federaciones y asociaciones con un modelo similar al de nuestro país, hay que explicar muy bien en qué se gasta el dinero para justificar la diferencia del precio de la licencia en nuestro país ante el federado, sobre todo ante el que se tiene que plantear si abandona una de sus opciones de ocio por las apreturas económicas. Y, por otro lado, si sigue el descenso acusado de licencias, ¿es sostenible el modelo presupuestario de la RFEG?

Según establece la Ley del Deporte, las federaciones deportivas españolas son entidades privadas, con personalidad jurídica propia y ámbito de actuación en el conjunto del Estado que promueven, practican o contribuyen, junto a otros colectivos integrados en ellas, al desarrollo del deporte, definición que la RFEG amplía en sus estatutos indicando que “la Real Federación Española de Golf es una entidad asociativa privada sin ánimo de lucro, con personalidad jurídica y patrimonio propio e independiente del de sus asociados”. Por otro lado, las federaciones deportivas no pueden presentar presupuestos deficitarios, según reza la Ley del Deporte, y “deberán someterse anualmente a auditorías financieras, y en su caso de gestión, así como a informes de revisión limitada, sobre la totalidad de los gastos”.

Este último punto es el que nos impide hacer un análisis adecuado de la situación, dado que no es posible llevarlo a cabo sin disponer de un informe de auditoría completo y con las salvedades correspondientes debidamente documentadas (si bien el Consejo Superior de Deportes aprueba anualmente las cuentas).

Lo que sí resulta evidente es que la parte del león de los ingresos de la RFEG lo generan las licencias. El presupuesto de la RFEG en 2012 fue de 11.600.000 € y, con las cifras de federados y las cuotas de 2013, tomando como referencia exclusivamente la parte destinada a la RFEG de cada licencia, la Real Federación Española de Golf recibió el año pasado algo más de 9.250.000 € exclusivamente en concepto de licencias.

Dado el peso que tiene el importe de las licencias de los federados en el presupuesto anual de la RFEG, ¿quién se atreve a ponerle el cascabel al gato y reducir su precio? En caso de prolongarse el descenso de licencias a largo plazo, ¿resistiría la RFEG el quebranto económico? ¿Está justificada la dimensión actual y la dedicación a actividades ajenas a su objeto fundacional de la RFEG?

¿Soluciones?

Si no hay un cambio de paradigma que nos acercara a fórmulas adoptadas en otros países y radicalmente distintas a la situación actual, el futuro inmediato plantea retos en dos vertientes que deberían converger: por un lado, se hace necesario frenar la sangría de federados; por otro, cabría plantearse si hay que reformar la estructura federativa y adoptar otro “modelo de negocio”, por así decirlo, más contenido, aunque los pasos atrás puedan parecer retrógrados.

En los mentideros ya circula el nombre de una importante consultora que aportaría su experiencia en el sector para intentar reconducir la situación y también hay que contar con el factor corrector de la economía y la influencia de los primeros indicios de recuperación que se atisban, pero convendría atreverse a coger el toro por los cuernos y plantearse soluciones alternativas. Tan difícil como separar la pura inercia de las medidas de popularización en los buenos tiempos es responsabilizar de la falta de resultados a las medidas tomadas cuando la situación se torció, pero parece patente que hubo falta de reflejos en época de bonanza y escasa eficacia en los momentos complicados, especialmente con iniciativas bienintencionadas como los Bautismos de Golf o el Golf en la Playa, de incidencia residual por descoordinación o falta de enfoque. En lugar de captar, tal vez se tendría que haber “centrado el tiro” en conservar al ya captado.

En el plano organizativo, la claridad en las cuentas es fundamental para evitar desafecciones, deserciones u otros movimientos, y cabe plantearse si la RFEG (y las federaciones territoriales de presupuestos más amplios) tienen que dedicarse a todo lo que se dedican, sobre todo a algunas actividades más alejadas de las funciones descritas en sus estatutos. Al fin y al cabo, se les ha confiado la gestión del dinero aportado por sus federados para desempeñar dichas funciones, una labor que exige responsabilidad. Nadie pone en duda la magnífica labor que la RFEG y las territoriales están llevando a cabo en distintos frentes, algunos tan llamativos como los logros obtenidos por profesionales y amateurs de élite (véase el espectacular caso de las tres españolas en la Solheim, pese a contar únicamente con 40 profesionales en nuestro país) y otros más “disimulados” como la labor de promoción en los colegios o la difusión del golf adaptado, pero el efecto beneficioso de estas medidas se puede perder si el federado de a pie se siente alejado de la que debería ser su casa.

Y en el frente de los federados hay que encontrar nuevas medidas de captación para alcanzar nuevos públicos, buscar vías alternativas que aseguren la fidelidad de los jugadores ocasionales y conseguir que estos últimos no tengan que plantearse si se dan de baja o no. Entre las distintas posibilidades que se nos ocurren a vuelapluma (además del ajuste del precio de la licencia como consecuencia del ajuste presupuestario de la RFEG) puede estar la creación de licencias quinquenales con descuento (es decir, ofrecer la alternativa de pagar cinco años de licencia con cierto descuento), la posibilidad de sacarse la licencia a lo largo del año pagando únicamente el prorrateo de los meses pendientes, la creación de un sistema alternativo al “hándicap activo” para fidelizar a los jugadores ocasionales que no juegan torneos… o si se implanta el control exhaustivo de las licencias del que hemos hablado anteriormente, ¿por qué no implantar también un sistema de descuentos en la licencia para los que apenas jueguen (por la circunstancia que sea)?

Cualquier medida que se tome servirá para aunar voluntades y, sobre todo, transmitir al federado la sensación de que la RFEG y las territoriales están más cerca de lo que cree. Aunque la urgencia de las cifras parezca exigir premura, es un buen momento para sentar la mejor de las bases. En juego está el futuro del golf en España, que no es poco.

21 comentarios a “La caída en las licencias de golf, bajo el microscopio”

  1. El 9 de enero de 2014 Moisés Vivancos ha dicho:

    En Argentina ya son muchos los campos que establecen su propio sistema de handicap, algo que debería ser visto con naturalidad porque hay muchas personas a las que no les interesa tenerlo sino que su único objetivo es pasar el rato o hacer ejercicio. Esto permite a la industria (campos, material, etc.)mejorar sus resultados y sirve de puerta de entrada a más jugadores, que posiblemente elegirán federarse. La prohibición de la RFEG en ese sentido es la tradicional visión a corto plazo, que solo busca asegurarse unos ingresos sin preguntarse si de otra manera podrían conseguir mejores resultados (para el deporte y para ellos mismos)A ver si algún día se da el paso y esto se normaliza. Igual así la RFEG se vería obligada a ser más transparente con sus cuentas.

  2. El 9 de enero de 2014 Marcos Sobrón Scott ha dicho:

    Excelente artículo. Es una situación que realmente da miedo, sobre todo a los que nos dedicamos a esto. La subida del IVA ha hecho mucho daño, el golf en nuestro país es caro, y las licencias en determinadas federaciones son incluso más caras porque cobran una cuota autonómica subiendo a 92 euros. ( Cataluña, baleares y creo que un par más)
    No es un deporte fácil de iniciarse.
    Creo que en estos tiempos que corren hay que tener imaginación y creatividad para atraer a nuevos practicantes para lograr hacer el golf más atractivo para la gente.

  3. El 9 de enero de 2014 Juan ha dicho:

    Buen articulo! Curioso que las mayores subidas de federados coinciden con las grandes victorias de nuestros jugadores profesionales. En mi opinión es clave la promocion y ayuda a los pros, que salgan figuras y creen aficion. Más torneos y ayudas a los jovenes pros! Saludos

  4. El 9 de enero de 2014 La caída en las licencias de golf, bajo el microscopio, por Óscar Díaz | golfindustria.es ha dicho:

    […] Lee aquí el artículo completo 2014-01-09 Alejandro […]

  5. El 9 de enero de 2014 juan ha dicho:

    Enhorabuena Oscar por el articulo.Creo que todos los que formamos parte de esta industria estamos obligados a reflexionar profundamente sobre la grave situacion en la por la que atraviesa el sector.Las federaciones no pueden estar ajenas a los profundos cambios que ya se estan produciendo.Se necesita mucha mas critica y menos autocomplacencia.

  6. El 9 de enero de 2014 JUAN CARLOS ha dicho:

    grandísimo articulo Oscar. Otro defecto grave que tienen las federaciones, es la comunicación con el federado. Esto impide muchas veces que éstos conozcan de primera mano, que hacen las federaciones por ellos.

  7. El 9 de enero de 2014 anonimo ha dicho:

    he estado tres años sin jugar y sin pagar la licencia. Sabéis lo que tengo de pagar para reactivarla? Con la cuota de la pga de España ocurre lo mismo. Cuántos profesionales la pagan?

  8. El 9 de enero de 2014 JuanPagano ha dicho:

    Las causas que ocasionan el descenso en numero de licencias son varias y muy relacionadas con el brusco descenso de todas las actividades económicas en nuestro país.

    Puede ocurrir que los jugadores que no renuevan su ficha piensen que la RFEG se acuerda mucho de nosotros a finales de cada año para mandar la ordenes a los bancos y cobrar las licencias, pero el retorno que la Federación Española nos ofrece me parece insuficiente, por ejemplo el Area del Jugador ha estado inoperativa bastantes días , y tampoco hay una política de comunicación cercana y transparente para con sus afiliados.La primera asignatura pendiente de la RFEG a nivel de información es la confección de una Memoria Anual Económica con informacion sobre Ingresos, Gastos, subvenciones, etc de forma suficientemente detallada; esta Memoria se remitiría via email y esta forma los federados sabremos que destino se da a nuestras aportaciones.

  9. El 9 de enero de 2014 Sandra ha dicho:

    Buen articulo!! imaginense ustedes mantenerse , pagando las cuotas aquí en Dinamarca, támbien a llegado la recesión ya se vio el año 2013,como los bajaron los registros y todo tiene que ver repito con
    el brusco descenso de la económia en estos países Nordicos… espero repunte este 2014 ya que casi no tenemos gente para jugar…

  10. El 9 de enero de 2014 Luis María Muñoz Crego ha dicho:

    Excelente artículo.
    Con la que está cayendo me gustaría saber si alguien puede criticar que los clubs de golf no exijan la licencia en vigor dado que la comprobación del «no pago» por parte del usuario afecta directamente a «su recaudación», bastante minorada en la actualidad por el importante descenso en el número de jugadores.
    Se sabe en cada club que muchos socios/abonados no están al día y lo mismo con respecto a los «transeuntes» que, casualmente, son los que más pagan por jugar en el Club que se trate.
    Resulta muy costoso y problemático sacar una favorable cuenta de explotación cada año como para no entender lo lógico de estas actitudes, mucho más en los campos denominados comerciales.
    Sería algo a estudiar, que la RFEG repartiese algo del «pastel de las licencias» (el 50% va para las Territoriales) a cada uno de los Clubs en función del su número de licencias.

  11. El 9 de enero de 2014 jopinai ha dicho:

    11.000.000 de presupuesto y tienen problemas para hacer el campeonato de España de profesionales.
    Algo en la federación no funciona

  12. El 9 de enero de 2014 jopinai ha dicho:

    Quizás apoyando al colectivo profesional se podría ayudar a que el golf creciera.
    Actualmente la federación apoya a unos 15 jugadores con su programa PROSPAIN,y son 1300 profesionales en toda España…Hagan números…
    El torneo más importante de ESPAÑA (open de España) sólo lo juegan 6 jugadores por ranking nacional.
    Para que jugarán más ,a lo mejor había que hacer como en Sudáfrica o Asia,donde juegan cerca de 30 jugadores nacionales por ranking y crea interés en la prensa local.
    El profesional quiere al amateur para dar clase,para que le vaya a ver jugar los torneos.Asi de hace afición .
    Mi pregunta es:
    Quiere la federación española al profesional español?

  13. El 9 de enero de 2014 Albatros ha dicho:

    Muy buen artículo, elegante denuncia del abuso de poder de la RFEG en la fijación de la cuota anual.
    ¿Qué consecuencias tiene el cambiar de federacion regional? Creo que la Canaria al menos te paga el coste del trasporte de los palos cuando viajas en avión. Debería fomentarse la «movilidad regional» y crear una sana competencia que permita cuotas y contraprestaciones ajustadas a los deseos de los aficionados.
    La pena es que no podamos hacernos de otra federacion extranjera, ¿o sí?, sin perder derecho al handicap y a competir. Los paraísos fiscales no existen, existen los infiernos fiscales… ¿nos vamos a paraísos federativos?

  14. El 10 de enero de 2014 jmmore ha dicho:

    Si se analiza con delicadeza, incluso los 96(?), que pagamos en Cataluña, representan 8 €/mes, cantidad asumible. El problema es la sensación de que solo es un peaje para poder jugar, ahora mismo no sabría decir para que más sirven, más allá del seguro, la gestión del Hcp., etc… El futuro del golf, pasa por los niños, ellos son los federados del futuro. entre los años 2002 y 2006, años de extrema bonanza, era el momento de haber popularizado el golf entre los más pequeños y no se hizo, ahora se pagan las consecuencias. Los padres jugaríamos o habríamos jugado mucho más con nuestros hijos, si hubieran tenido green fee gratuito, hasta los, digamos 12 años. Los hoteles de golf tampoco facilitan la estancia si se viaja con niños y así se acaba viajando sin niños y en muchos casos solo.

  15. El 10 de enero de 2014 pepcanals ha dicho:

    Un artículo muy interesante, muy bien documentado y razonado. Gracias Oscar.

  16. El 10 de enero de 2014 Red Rum ha dicho:

    Nadie entiende donde va a parar tanto dinero, se impone una rendición de cuentas totalmente pública pero ya.

  17. El 10 de enero de 2014 ALVARO BEAMONTE ha dicho:

    Enhorabuena, Óscar. Gran artículo. Ya comentaremos más extremos la primera vez que nos veamos. Llevo 23 años avisando de situaciones que están empezando a vislumbrarse ahora. Durante la década de los 90 intenté modificar muchas cosas, pero enfrentarte al poder mastodóntico de la RFEG conlleva penurias, daño y coste personal.

    Ya no es mi tiempo. Mi tiempo pasó.

    Otros deberán encabezar las reformas necesarias.

    Un abrazo, «homo sapiens».

  18. El 10 de enero de 2014 Cucus ha dicho:

    De verdad que da miedo ver el dinero que recauda la RFEG por licencias (además de otros como patrocinios, subvenciones, etc.) y lo poco que siento que recibo a cambio.
    También es indignante que estés obligado, como jugador, a pagar a la RFEG simplemente por querer jugar cada domingo en mi club. Puedo entenderlo si jugase campeonatos, pero para el que no quiere… ¿por qué pagar a la federación si ya pago el abono de mi club? Lo del seguro es un timo, además eso lo podría gestionar el club.
    También me indigna si comparamos, como muy bien explica el artículo, la cuota que se paga en otros países y el beneficio o resultados que se obtienen a cambio.
    Soy adicto al golf, pero hace tiempo que me dan ganas de darme de baja y dedicarme a otra cosa.
    Álvaro, aunque no me caes muy bien, debo reconocer que eres un crack, y tengo que darte la razón. Ojalá yo tuviera la fuerza suficiente para encabezar esas reformas.

  19. El 13 de enero de 2014 Alvaro Moreno ha dicho:

    Excelente artículo.

    Pero en mi humilde opinión, el gasto de licencia es el «chocolate del loro». ¿Que es más cara que en otros paises y que eso debería cambiar? Por supuesto. ¿Que la federación y sobre todo las federaciones autonómicas deberían ser mucho más transparentes? De acuerdo.

    Pero no creo que la gente no renueve su licencia por el coste de la misma. La gente se da de baja, simple y tristemente, porque no puede asumir el coste «normal» de juego. Sin contar el material, que damos por hecho que lo tiene, una familia de cuatro miembros que no pertenezca a un club necesita gastar mínimo 160 € para poder jugar una ronda juntos un día a la semana, eso siendo generoso y hablando de un campo normal. Y por supuesto sin buggie.640 € al mes es mucho para una familia media con la que está cayendo…

    Imaginación o ruina. Esas son las alternativas. Porque si vuelve a ser un deporte exclusivamente elitista, lo que está claro es que solamente los campos elitistas sobrevivirán…

    Los clubs no pueden esperar nada de la administración. Como mucho, otra subida del IVA de aquí a poco…

    O le dan al coco entre todos y se inventan la formula para que a la gente le resulte posible y razonable jugar, o en cinco años volvemos a las cifras de federados de hace veinticinco…

  20. El 30 de enero de 2014 Nacho del olmo ha dicho:

    Genial artículo, como tantos otros con los que nos deleitas.
    Me dedico a impulsar el golf en españa. Como profesor, no tengo mucho tiempo para jugar, pero sí obligación de pagar la cuota. No comprendo muy bien porque los impulsores del golf en España, ya sean profesores, medios, etc… Debemos pagar 100€/año por conseguir cada día más federados. ¿Para tener un centro nacional Emma Villacieros?
    Desde mi ignorancia casi absoluta, pregunto si ese centro no debería llamarse Ballesteros, Olazábal, García, Jiménez, Garrido, Cañizares, Piñero, etc….
    Con estamentos anacrónicos y sobredimensionados seguro que no acercamos el golf a las masas.

  21. El 5 de febrero de 2014 FERNANDO ha dicho:

    El importe de la licencia es claramente abusivo para el beneficio que se recibe, para mas inri en varias federaciones como la valenciana tenemos que pagar un importe mayor ¿porque? ni idea, ya que cada vez se recibe menos. No se piensa para nada, en la política de las distintas federaciones federaciones, en el federado de calle, únicamente focalizan su atención en los profesionales, cuando somos el mas del 90% de los federados. No existen campañas enfocadas a los que ya lo practicamos, por lo que no me extraña que cada vez mas gente deje la practica de este deporte. Y lo peor que por el coste no se introduzca a los hijos en el mismo.
    Un saludo y mi mas sincera felicitación por el articulo Oscar

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