Hay una diferencia abismal entre un jugador con cuatro golpes de ventaja y Tiger Woods con cuatro golpes de ventaja y 18 hoyos por delante. Lo que solemos escuchar de cualquier otro son frases como “voy a salir como un día más” o “no puedo permitir que el resultado me ciegue, necesito hacer birdies”. Cuando Woods habla, no escuchamos nada de eso y desde el primer hoyo sabemos que no tiene pensamientos así rondando por su cabeza. Vemos cómo no saca el driver de la bolsa con tanta frecuencia como en jornadas anteriores, cómo minimiza los riesgos, mira la clasificación y envía su bola al centro del green. Incluso por momentos parece que puede hacer los cálculos antes que nosotros, que contamos con la ayuda de la televisión para conocer todas y cada una de las estadísticas por hoyo y sabemos cómo está jugando cada aspirante al título. Es un hombre gestionando el torneo como un importante negocio, la victoria según Tiger Woods.
La última jornada del Cadillac Championship fue una demostración práctica de cómo un ganador en 75 ocasiones en el PGA Tour finiquita la competición. Hasta entonces llevaba una media de ocho birdies por vuelta en el Blue Monster e iba camino de batir su récord personal en cuatro días (28). ¿Lo consiguió? No, porque el triunfo estaba en juego. Woods hizo solo tres en sus últimos 18 hoyos, pero no tuvo ningún desliz, no otorgó más oportunidades a sus perseguidores de las que tenían antes de pegar su primer golpe. Se produce entonces el llamado “efecto Tiger”, o la capacidad que tiene de convertir un campeonato en una lucha por la segunda posición. Esta clase de dormidera afecta a sus rivales de un modo implacable y definitivo. ¿Por qué? Porque saben que Woods no va a fallar. No va a enviar su bola al agua en el 18, sino que va a ir a la derecha y jugar el tercer golpe a green, no va a hacer tres putts en un momento dado ni va a desperdiciar su ventaja en errores no forzados provocados por la presión. Ellos empiezan a arriesgar, sabedores de que necesitan rozar la perfección para alcanzarle, y lo que ocurre cuando se exige demasiado a cada swing lo sabemos todos: se termina fallando. En palabras de Graeme McDowell al terminar al par del campo: “La última vez que pensaba que podía alcanzarle fue probablemente ayer”.
Steve Stricker le conoce bien y sabedor de lo que se avecinaba jugó como en un día apacible, sin la victoria entre ceja y ceja. El resultado fue una segunda posición en solitario con menos diecisiete, a dos golpes de la victoria. Adam Scott firmó la mejor vuelta del día (menos ocho) y ascendió hasta la tercera posición, donde también finalizaron Graeme McDowell, Phil Mickelson (menos uno) y un brillante Sergio García (menos tres), que comienza a hablar en el mismo idioma que comprenden los majors. Pero ninguno de ellos, a lo largo de toda la jornada, tuvo una mínima opción de ganar.
En octava posición y después de haber cometido doce bogeys y un doble bogey en tres días, finalizó Rory McIlroy. Su vuelta de 65 golpes es la respuesta a todas las dudas que se le han planteado en las últimas semanas y para las que el joven norirlandés a veces no tenía respuesta. Mientras vuelve a su mejor versión y con Woods muy cerca de alcanzarla, se alza sobre el mundo del golf una rivalidad que hacía tiempo que no contemplábamos. Una lucha entre el talento y el control, la dispersión contra la estrategia, la juventud y la frescura frente a la experiencia y la concentración. Es lo que deja en el aire este Cadillac Championship, un preludio ante el duelo definitivo. McIlroy sacando el driver en su último hoyo del PGA Championship, con siete golpes de ventaja, y Woods calculando la estrategia del día y metiendo cada putt importante. Jack Nicklaus sabe algo de esto, y hace unos cuantos años respondió a una pregunta que puede arrojar luz sobre el pulso que mantienen el número uno y el número dos.
(Periodista) –Has ganado tres majors en tres décadas diferentes. El primero fue en 1962 en el U.S. Open, y el último en el Masters de 1986. Si el Jack de 1962 jugara contra el Jack de 1986 en un match play, ¿quién crees que ganaría?
(Nicklaus) –Es difícil contestar, porque en 1986 no sabía cómo iba a jugar la semana que gané el Masters. Ahora, si coges al Jack de 1980 y lo enfrentas al de 1962, diría que ganaría el del ochenta porque tenía más experiencia, era mejor jugador. Tenía más potencia en el sesenta y dos. Creo que mis nervios no serían muy distintos de año en año, siempre he tenido bastante control. Pero por mi experiencia en 1980 era bastante mejor de lo que era en 1962.
Puede que, después de todo, la era que inició Tiger Woods en 1997 no haya terminado del todo. Los tiempos están cambiando.
Adam Scott Asian Tour Cadillac Championship Charl Schwartzel Doral Golf Resort European Tour Gonzalo Fernández-Castaño Graeme McDowell Keegan Bradley Michael Thompson PGA Tour Phil Mickelson Rafa Cabrera-Bello Rory McIlroy Sergio García Steve Stricker Tiger Woods TPC Blue Monster World Golf Championships
Deja un comentario