Sólo dos días antes de que se comenzara a disputar el Masters, una fuerte tormenta pasaba por el Augusta National y dejaba el campo empapado. Las voces de alarma no se hicieron esperar y se consideró dejar colocar la bola en calle a los jugadores por primera vez en la historia de este torneo. Calles más blandas, greenes más lentos y ayer, durante la primera jornada, apenas soplaba el viento. Las condiciones parecían las necesarias para encontrarnos con unos resultados bajísimos, o lo que Phil Mickelson definió como un “festival de birdies”.
Pero si algo tiene de mágico el Masters es el campo donde se disputa y ayer el Augusta National se dejaba querer, escondiendo su parte más fiera. Las calles blandas dejaron los hoyos accesibles a los más pegadores, mientras que el resto veía cómo se les hacían largos muchos de ellos. Los greenes no solo aguantaron la tormenta sino que recuperaron su mejor versión para su estreno en el torneo y se mostraron muy rápidos, tanto como para dejar escapar grandes tiros a bandera, aunque lo suficientemente receptivos como para favorecer a los damnificados por el agua, los menos pegadores, que atacaban estas superficies con palos más largos. El resultado fue que sólo nueve jugadores fueron capaces de bajar de los 70 golpes, encabezados por un Lee Westwood imperial.
El inglés se mostró ayer cómodo desde el momento en que pegó su primer golpe e hizo gala de su poderoso juego de tee a green, encadenando cuatro birdies desde el hoyo 5 al 8 con una facilidad insultante. El último llegó en el hoyo 17 y tras conseguir el par en el 18 (el más difícil del día) firmó su tarjeta con 67 golpes, cinco bajo par, para terminar liderando el primer major del año. El inglés considera el Augusta National un campo de segundos golpes y, en su caso, los hierros son la parte más afilada de su juego.
Su caddie, Billy Foster, había recorrido el Augusta National por la mañana para ver qué se encontrarían por la tarde. Westwood recibió un mensaje en el móvil que le avisaba de lo difícil de la posición de las banderas. “Sabía que era un día para ser paciente, donde dejar la bola a 6 u 8 metros iba estar bien en muchos hoyos”. El inglés ejecutó su plan a la perfección y consiguió igualar su vuelta más baja en el Masters. La clave: 16 de 18 greenes en regulación.
“Las banderas del jueves se parecían a las del domingo del año pasado”, afirmaba el vigente campeón, Charl Schwartzel. “Hay muy pocos jugadores con resultados bajos. Las condiciones eran buenas en términos de greenes blandos, sin viento. Creo que fueron precavidos y colocaron algunas banderas complicadas”, explicaba Padraig Harrington. El campo también tenía sus armas para defenderse y colocar las banderas en lugares comprometidos era de las que más podía perjudicar a Rory McIlroy. Ayer, después de comenzar con un doble bogey en el hoyo 1, consiguió convertir cinco birdies a lo largo de su vuelta, pero dos bogeys en el hoyo 11 y en el 13 emborronaronsu resultado. Solo un golpe bajo el par (gracias a un gran birdie en el 18) para el norirlandés, pero con todas las opciones de cara a los tres siguientes días: hay química entre McIlroy y el Augusta National.
Como suele ser costumbre, muchos ojos estaban puestos en Tiger Woods. A pesar de admitir que no pegó nada bien a la bola señaló que el barro que se adhería fue determinante: “La del hoyo 7 fue una broma”, declaró. “La corté y la bola hizo un hook de 20 yardas. Sucedió lo mismo en el hoyo 5. Era un draw que terminó haciendo un slice hasta el final del green. El campo está demasiado difícil como para conseguir un resultado muy bajo”. A pesar de todo se las arregló para conseguir tres birdies en los hoyos 3, 8 y 10, finalizando, como es costumbre en Tiger, por encima de los 70 golpes en su primera jornada de Masters. Para ganar este torneo nunca le ha hecho falta un primer día espectacular y este año puede sucederle algo parecido.
Louis Oosthuizen, quien ya firmó un gran torneo en Houston la semana pasada, y el sueco Peter Hanson se encuentran en segunda posición con cuatro bajo par, a solo un golpe de Westwood. Un grupo de jugadores con 69 impactos les siguen, entre los que se encuentra Miguel Ángel Jiménez. El español sigue en su inagotable lucha contra el tiempo y las posibilidades y ayer, en un campo perfecto para los más pegadores, el Pisha solo dejó escapar un bogey.
“El campo está siendo justo”, declaró Miguel Ángel. “Puedes pegar un buen golpe y tienes opciones para birdie. A veces aquí pegas un buen golpe y la bola no para”. Es complicado aventurarse y decir que el español, a sus 48 años, puede ganar el Masters de Augusta; pero es inevitable dejar escapar una sonrisa cuando habla de números y de las grandes opciones de Woods esta semana: “Está en la cresta de la ola y sólo tiene 36 años”.
El otro gran favorito para la victoria el domingo, Luke Donald, fue uno de los principales perjudicados por la tormenta del martes. El inglés no es un gran pegador y ayer el Augusta National estaba especialmente largo. “Este sitio puede penalizar mucho si estás un poco desconcentrado”, comentó al final de su vuelta. “Y yo lo estaba algo hoy, especialmente incómodo con los hierros”. Definitivamente no fue su día porque además pareció posible que se le descalificara por un resultado erróneo en su tarjeta. Mientras que los resultados oficiales le habían atribuido 73 golpes (un golpe sobre par) él firmó 75 impactos. Finalmente se admitió el error por parte de la organización y la cosa no fue a más, dejando a Luke con ocho golpes de desventaja respecto a Westwood.
El Masters no se gana el primer día, pero sí se puede perder. Mientras que McIlroy, Donald y Woods, los grandes favoritos a la victoria, han empezado con resultados modestos, Westwood se ha mostrado más sólido que nunca en Augusta. La segunda jornada nos dejará un panorama mucho más claro de lo que nos podremos encontrar el fin de semana, que como el del año pasado, promete ser apasionante.
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