Es la segunda vez que Tiger Woods se aleja del resto de contendientes en lo que llevamos de temporada. La primera ocurrió en Torrey Pines, donde a base de drives larguísimos en el centro de la calle y golpes perfectamente controlados a green se quedó en lo más alto de la clasificación con una ventaja considerable, 18 hoyos por jugar. Poco más de un mes después, la historia se repite en Doral. Hay que recurrir a los números para explicarlo, porque en el caso de Tiger, hablan con tanta claridad como su discurso sobre el campo: séptimo en greenes en regulación y tercero en putts totales con 74 (24 birdies en 54 hoyos). Su liderato alcanzó en la tercera jornada del Cadillac Championship el menos dieciocho, con cuatro golpes de ventaja sobre Graeme McDowell.
Es fascinante ver jugar así a Woods, tan como lo hacía antes de su lesión de rodilla. Y es fascinante porque sabes cómo lo ha hecho, pero al terminar su vuelta y observar su resultado no lo entiendes del todo. Ayer consiguió hacer birdies en muchos hoyos accesibles, nada que ver con los que afronta en el U.S. Open, sino pares cuatro con margen de error, pares cinco relativamente cortos con greenes enormes. Nada que ningún otro profesional de los que participaban ayer no pudiera conseguir también porque, al fin y al cabo, todos ellos son muy buenos. Pero cuando llegó al hoyo 18 y consiguió embocar su último gran putt del día, se podía ver en la clasificación que tenía cuatro golpes sobre el segundo y cinco sobre los terceros, y no parecía haber hecho nada del otro mundo, sino su repertorio habitual. Y eso, precisamente, es lo que quizá distinga a Tiger del resto: la diferencia entre poder hacerlo y realmente llevarlo a cabo. Poder y hacer, dos verbos distintos.
Pero para entender cómo se ha distanciado tanto de sus perseguidores es necesario recurrir a una frase que repetíamos continuamente cuando se encontraba en su mejor forma: “Tiger va a meter ese putt”. La utilizábamos constantemente, en cada uno de sus catorce majors y en aquellas pruebas en las que conseguía una ventaja a falta de 18 hoyos. “Va a meter ese putt”, dijo Rocco Mediate cuando le vio en el hoyo 72 del U.S. Open, allá por 2008. Cada vez que lo veíamos parecía que la televisión nos mostraba una repetición de cualquier otro torneo, pero no, era Tiger volviendo a hacerlo, una vez más. Esta semana en el Cadillac Championship podemos volver a utilizarla, porque nadie está metiendo tantos importantes como él. Los que son para salvar un par, como el del hoyo 4, o los que le hacen aumentar su renta de cara a la jornada final, como el del 18, y en los que saca el puño con rabia. Eran días de Tiger, decíamos ayer. Justo igual que hace unos años.
El resto de aspirantes al triunfo no jugaron nada mal, de hecho, entre los ocho primeros clasificados promediaron vueltas inferiores a los 69 golpes. El Blue Monster tiene los greenes más duros y el viento está empezando a enviar avisos en forma de rachas intermitentes, por lo que el recorrido se está convirtiendo en una dura prueba. McDowell estuvo bien, al igual que Mickelson o Stricker, que finalizaron con menos tres. Incluso Sergio García o Michael Thompson, con una vuelta de 67, hicieron todo lo que estaba en sus manos para tener una oportunidad de victoria el domingo, y empataron en quinta posición con Keegan Bradley y Charl Schwartzel (menos once). Gonzalo Fernández-Castaño es 36º con menos uno y Rafael Cabrera-Bello es 61º con mas cinco. Rory McIlroy, por su parte, está a quince golpes del liderato.
Es chocante ver al número uno del mundo en trigésima posición, pero lo es más verlo a tantos golpes del número dos. Todos sabemos las razones, que son muchas y variadas: palos nuevos, pequeños ajustes en el swing, viajes incesantes a lo largo de los últimos meses… Pero no se trata solo de que Rory haya bajado el nivel respecto a 2012, sino que Tiger también ha elevado el suyo, hasta el punto de que pude que tengamos que leer de nuevo un libro titulado “Cómo juego al golf” (“How I play golf”), que intentaba explicar lo inexplicable: por qué es tan bueno. Ya podemos ver cosas diferentes respecto a la temporada anterior y, como cantaba Bob Dylan en los sesenta, “el orden se desvanece rápidamente”. El título de la canción era “Los tiempos están cambiando”.
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1 comentario a “Los tiempos están cambiando”
El golf profesional de élite se pone divertido!
Beatriz García
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