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Zona Pro

Madurar era esto

Enrique Soto | 23 de junio de 2014

“Espero poder jugar la Ryder Cup un día. Sería impresionante y creo que es algo totalmente posible”.

“Mi objetivo final es jugar el Masters”.

“Mi jugador favorito es Tiger Woods. Creo que podré ganarle cuando cumpla veinte años”.

“Si alguna vez me aburro del golf empezaré de nuevo y jugaré a zurdas”.

“Veo el PGA, no el LPGA Tour. Me gustan más los jugadores”.

El mundo del golf quedó aterrorizado esta semana ante la imagen de una niña correteando por Pinehurst. Llevaba dos coletas dignas de Pipi Calzaslargas, horquillas de colores y una cara que desprendía inocencia y horror a partes iguales. La inocencia era típica de su edad, once años; el horror llegaba cuando se contemplaba toda la secuencia: Lucy Li compitiendo en el US Women’s Open, frente a las mejores jugadoras del mundo, comiéndose un helado. No sé qué estará sucediendo en el golf femenino para que alguien de apenas metro y medio de estatura consiga clasificarse para un major. Ni siquiera comprendo cómo sus padres, en un ejercicio de responsabilidad, la exponen a tantas cámaras sin desangrarse por dentro. Por otra parte, sé que no es una novedad.

Los niños prodigio existen incluso antes de que Mozart viajara tocando por Europa. En el golf, por ejemplo, tenemos un caso muy representativo. Todas las frases que inician este artículo fueron pronunciadas por Michelle Wie durante su minoría de edad. Breve repaso:

– Jugadora más joven de la historia en pasar un corte en el LPGA Tour (trece años, Kraft Nabisco Championship de 2003).
– Jugadora más joven de la historia en pasar un corte en el Asian Tour (dieciséis años, SK Telecom Open).
– Vuelta más baja de la historia por una mujer en el PGA Tour (68 golpes, Sony Open de 2004 y 2006).
– Jugadora más joven en participar en la Curtis Cup (14 años).

Fue Picasso quien dijo que todos los niños eran artistas, que lo difícil era que lo siguieran siendo al crecer. Y es que ese proceso, el crecer, no tiene nada que ver con jugar al golf. La imagen de Li respondiendo a preguntas de la prensa como si el profesor la hubiera sacado a la pizarra aterrorizan, pero Michelle también pasó por ello a los trece años. De hecho, su caso era mucho más prometedor que cualquier otro en la historia. A los dieciséis pegaba drives de 300 yardas, un registro superior a otros jugadores del PGA Tour; su swing era un ejercicio de estética, parecía posar ante las cámaras mientras se retorcía en el downswing, pura flexibilidad y poderío; todo, absolutamente todo, parecía indicar que sería capaz de enfrentarse a Tiger. Hasta ella se atrevía a alentar el imaginario colectivo.

Uno de esos círculos en los que a veces se transforman las historias se cerró esta semana en Carolina del Norte. Por una lado, Li entregó dos vueltas de 78 impactos y rompió un récord de precocidad en el golf femenino; por otro, Wie ganó su primer major. ¿Qué fue de esa niña que quería jugar en el Masters? Pues bien, estas son las estadísticas de Michelle durante la semana, cortesía de la USGA:

Estadísticas de Michelle Wie durante el US Women's Open

Ni rastro de aquellos drives de 300 yardas. De hecho, la ganadora ha estado utilizando toda la semana una madera tres con trece grados, en un ejercicio de contención o, más bien, de inteligencia (aún así superó a la media del resto de jugadoras por más de diez yardas). Vean sus resultados en el torneo que más castiga los errores: ocho bogeys, dos dobles bogeys, doce birdies y un eagle. De la calle hacia el green, sin demasiados estragos, haciendo hasta bueno ese estilo al putear que se antoja como una penitencia por haber querido ganarlo todo cuando aún no estaba preparada.

Una empezó ayer un trayecto peligrosísimo. La otra lo cerró dejando de ser una niña. “Acabo de jugar con un chico que, si tuviera un poco de cabeza, habría ganado por diez golpes”. Lo dijo Ben Hogan de Nicklaus, en el US Open de 1960. El que más ha ganado nunca, sin embargo, aprendió rápido las lecciones. Maduró a tiempo.

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