Hace seis meses, confieso que no tenía muy claro lo que era la ‘postura en C’, el ‘sway’ o la pérdida de ángulos. Llevaba apenas un año jugando al golf y los términos con los que estaba más familiarizado eran ‘out of bounds’ y ‘slice’.
En enero, mi vocabulario, mi juego y mis conocimientos sobre golf vivieron un punto de inflexión. ¿Culpables? Muchos. En primer lugar, Iñaki Aranguren, consejero delegado de Making Golf que fue el alma mater de la idea. Quería poner todo el equipo disponible en la Jason Floyd Golf Academy a disposición de dos amagos de presentadores.
De primeras, el reto apabulla. Analicemos la situación. Por un lado, un hándicap 19 que hace mucho que no cumple y un hándicap 31 que ha bajado de 36 un par de meses atrás. Al otro lado, un equipo encabezado por Jason Floyd, discípulo del mismísimo David Leadbetter y reforzado por Mike Wood, encargado de la parte física, y las manos maestras y la eterna paciencia de Lloyd Evans.
De primeras, el proyecto carecía de lógica. Pensándolo un poco más, era perfecto. Contaba con el apoyo además del director de Canal+Golf, Hugo Costa, por lo que solo faltaba fijar una fecha para comenzar esta divertida y gratificante aventura.
Un soleado y atípico día de enero empezaba todo. Todos los protagonistas mencionados anteriormente nos dábamos cita en el campo de golf de Retamares. Tras un café mañanero, llegaba la primera prueba. Para trasladar la frialdad de los números del hándicap a la realidad, el equipo de la Jason Floyd Golf Academy nos propone comenzar fuerte, jugando los dos hoyos finales del recorrido de Chema Olazábal.
Comienza la acción en el 17, par 3 de 145 metros cuesta abajo. Óscar Díaz tiene los honores y la pone en green. Aplausos. Sorpresa. Incredulidad. ¿Hándicap 19 eras tú? Silencio. Mi turno. En la calculadora, metemos todos los datos.
145 metros + pegador corto – cuesta abajo + evitar sí o sí los bunkers frontales = hierro 6
He de decir en mi defensa (o más bien detrimento), que al seleccionar los zapatos de golf esa mañana elegí los más bonitos que tenía. En televisión hay que cuidar la imagen. Pero claro, como golfista también debería haber cuidado un detalle más o menos importante como el de asegurarme que tan brillantes zapatos tuvieran clavos en la suela. No, no los había.
Resultado: palo de más, pequeño resbalón, bote generoso… y aterrizaje de la bola 40 metros pasada la bandera. Y 60 también. Todo esto, como no, en presencia de una cámara de Canal+ Golf que, malévola, grababa lo que ocurría. Al quinto o sexto golpe con la bola ya en green, era el turno de Óscar Díaz. Podría impresionar al respetable con un par si lidiaba bien con el putt largo y cuesta arriba que le quedaba.
Nada más lejos de la realidad. Bola que sube pero no lo suficiente y baja para dejarse un putt más largo que el anterior y con más pendiente. Desde ese momento, nuestro amigo tardó cuatro intentos exactamente en darse cuenta que si no le daba la suficiente fuerza al putt, la pendiente te devolvía la bola justo al lugar desde el que pateaba.
Tras el desastroso comienzo llegaba el 18. Un hoyo que, a pesar de tener agua a la izquierda, personalmente no me intimidaba por mi capacidad natural de hacer slice. Resultado, bola baja que no abrió ni un centímetro y que acabó en el agua. Mi fiel compañero, me acompañaba. Bonito gesto. Acabados los dos hoyos con resultado global de cuyo número no quiero acordarme llegaban los primeros análisis del trío de expertos. La letra debió ser chiquitita para apuntar todo lo que hacía falta corregir. Lo bueno, precisamente, era eso: el margen de mejora era muy, muy alto.
Desde ahí comenzaron aspectos desconocidos en el golf para Óscar y un servidor. Nos sometimos a un screening para ver cuáles eran las limitaciones físicas que nos impedían tener un swing en condiciones. Tras múltiples pruebas, tan originales como básicas, Mike Wood ya tenía datos para ponerse a trabajar.
Sólo un faltaba un videoanálisis de swing. Con y sin zapatillas para ver más fielmente el trabajo de los pies antes y después del impacto de la bola con el palo. Con la información recopilada en las tres pruebas, conoceríamos a unos amigos que nos acompañarían desde ese momento: los ‘elefantes’. Es el término usado por Jason Floyd para referirse a los defectos más importantes en el swing de cada uno.
ELEFANTES
Óscar Díaz: Sway, extensión temprana y ángulo invertido en la columna
Carlos Palomo: Pérdida de ángulos, extensión temprana y ángulo invertido en la columna
Con toda esa impagable información, nos ponemos manos a la obra. El planteamiento que nos hacen desde la Jason Floyd Golf Academy dista mucho del concepto que ambos tenemos de mejorar. Antes, por lo menos en mi cabeza, estaba la idea de que pegando cientos de bolas, el swing y los resultados mejoran. Pero claro, si nadie te corrige lo que haces mal, de poco vale. Si tienes poca movilidad aquí o allá y poca capacidad de rotación y no trabajas eso, siempre fallará la base.
Para pulir todos esos defectos o limitaciones tenemos la que ha sido una de las novedades más interesantes en lo que a métodos de enseñanza y perfeccionamiento se refiere: el método TPI de Titleist. Éste nos propone tres días de ejercicios semanales cuyas sesiones constan de 12 ejercicios sencillos de corta duración en los que el cuerpo va trabajando en las áreas que más necesita.
Por si alguna vez la vida ajetreada, la pereza o las groupies nos despistaban de nuestras obligaciones, ahí estaba la figura de Lloyd Evans para volver a guiarnos por la buena senda. No solo a modo de recordatorio sino de total disposición para poder verle cualquier día de la semana.
Si alguna vez, y desde aquí lo recomiendo, dais una clase con Lloyd, tened en cuenta que su nombre se pronuncia como ‘Loyd’ y no literalmente ‘Lloyd’. No hagáis como yo, que infinitas veces usé la segunda opción a pesar de las risas generalizadas de todo el equipo de Making Golf y de Óscar Díaz. Por cierto, mi compañero de aventura tiene una frase que me encanta para definir a Evans. “Este hombre sabe latín”, dijo nada más acabar la primera sesión privada que tuvimos con él. Y no se equivoca.
Volvimos a estar con él, Jason Floyd y Mike Wood en la segunda sesión de grabación para el Locos por el Golf de On the Tee a principios de marzo. En esa ocasión, Jason nos tenía preparada una intensa jornada de trabajo. Inicialmente perfeccionaríamos el swing con el golpe de pitch para luego trasladar lo aprendido a los hierros medios y largos.
En estos dos primeros ejercicios, al igual que haríamos toda la mañana, no sólo tendríamos los consejos técnicos de la dupla Jason-Lloyd, sino que el experto en fitness Mike nos pondría el cuerpo a tono para cada ejercicio. Al estilo TPI, con ejercicios de apenas un minuto de duración. Uno de nuestros elefantes en común es el ángulo invertido en la columna y en esto trabajamos durante los dos primeros ejercicios que os comento. Caderas y tórax eran las partes a las que iban destinadas estas pequeñas sesiones.
Semanas atrás, en el screening físico, Mike nos había medido el ángulo de rotación en el backswing y había salido que Óscar tenía 38 grados y yo 39. “Vamos a incrementarlo”, recuerdo que dijo Mike. Confiaba en él pero no tanto. Haciendo una nueva medición después de unos estiramientos con un par de estiramientos acompañados de movimientos laterales, los resultados eran increíbles. De 39 a 56 y de 38 a 53.
Es sólo un ejemplo de lo que pueden hacer los sencillos ejercicios del TPI. Unos ejercicios que fuimos repitiendo antes de cada aspecto del juego en el que Jason dividió la jornada de grabación. Acabada la parte de swing completo pasamos al juego corto. En la clase de putt, Óscar fue quien más centró la atención de nuestro profesor gracias al espectacular sexpateo (seis putts, que nadie se asuste) del primer día. A mí me dicen que separo bastante bien la parte inferior, inmóvil, y superior, del cuerpo.
Más tarde, las tornas cambian y pongo a prueba la paciencia de Jason en el bunker. “Cuando te vimos hace un mes, Carlos, parecía que estabas matando serpientes en el bunker”, me dice Jason para referirse al swing demasiado vertical cuando intento sacar la bola desde la arena. A pesar de tener la ayuda de un listón de madera que debería ayudarnos a hacer el golpe de bunker, demostramos nuestra inutilidad con el palo más abierto de la bolsa. Y tras destrozar los impolutos greenes de Retamares, parece que algo ha cambiado. A mejor, por supuesto.
Como nos diría meses después la psicóloga de la JFGA, Frances Goodman, hay que asumir que estamos en un período de aprendizaje. Nada de pensamientos negativos si fallamos. Y en pleno proceso de aprendizaje, tras tres meses con Jason Floyd y su equipo, no sólo Óscar volvió a cumplir hándicap y yo bajé casi 6 puntos sino que además conseguimos un segundo puesto en la Copa de España de Medios de Comunicación del que estamos muy orgullosos.
Y lo más importante: disfrutábamos como nunca en el campo de golf, así que algo estaríamos haciendo bien.
Carlos Palomo y Óscar Díaz seguirán narrando en Crónica Golf sus andanzas junto al personal de la Jason Floyd Golf Academy, que también podéis seguir todos los martes a partir de las 22 h en el programa On The Tee de Canal+ Golf. Y si queréis conocer de primera mano el espectacular método de enseñanza de Jason y sus compañeros, visitad la web de Jason Floyd Golf Academy y concertad una cita en alguno de sus centros de enseñanza.
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