Rafael Cabrera-Bello es un jugador con dos victorias en el European Tour. No posee la explosividad de Rory McIlroy desde el tee de salida, la capacidad para cerrar torneos de Tiger Woods, la imaginación de Phil Mickelson para recuperar alrededor de green o la enorme consistencia de Luke Donald para meter un putt comprometido tras otro. Si disimula, Rafa incluso podría parecer un profesional como cualquier otro del circuito. Con virtudes indiscutibles sí, como un juego largo consistente o un conocimiento perfecto de sus áreas fuertes y débiles, pero no muy distintas a las de muchos de los hombres que viajan junto a él de torneo en torneo. En otras palabras: no está luchando por esa tercera victoria como una consecuencia natural de llevar jugando al golf desde que era un niño.
Grandes talentos se han quedado a las puertas de la élite, rendidos tras descubrir la vida que existía detrás de los focos. Detrás de Woods levantando el puño tras forzar un playoff por el US Open de 2008 había un hombre herido, lesionado, empecinado en romper un récord desproporcionado de épocas pasadas. Y eso era él, quizá el mayor fenómeno que haya visto nacer este deporte. Rafa no tuvo un padre que le guiara a las maneras de Earl, un Boina Verde, capaz de convencer a su hijo de que había nacido para hacer historia, de que era indestructible. Si el número uno por antonomasia necesitaba de una ingente cantidad de horas de entrenamiento, ¿qué iba a hacer él? ¿Podría llegar algún día a plantarle cara?
Así que el chico que quería vivir como un atleta se puso en forma, hasta el punto de que si uno ve una foto de cuando jugaba en los equipos de la federación podría llegar a sorprenderse. Es un físico tan trabajado que no tiene absolutamente nada que envidiar al de cualquier otro golfista del mundo. Si no le pegaba tan fuerte como Rory, había que compensar; si tenía que competir contra Woods era necesario no sentirse en peor forma que el Tigre. Poco a poco, semana a semana, el chico que destacaba en competiciones amateur fue demostrando un compromiso infinito con su carrera.
Llegó al Doha Golf Club tras haber liderado en Abu Dhabi, oscureciendo tres vueltas magníficas con otra algo más mediocre el sábado. Finalizó cuarto, un resultado amable para muchos pero insuficiente para alguien que ha sacrificado tanto por su deporte, por su golf. Pero ésta era otra semana y un nuevo mundo, debió pensar. Y si su juego pasaba por días de birdies y rosas tenía la obligación de aprovecharlo. Al menos seis del primer día le siguió una vuelta memorable con un final eléctrico: diecisiete greenes, veintiocho putts, ocho birdies y solo un bogey. Los 65 golpes de Rafa son la presentación de un chico que decidió no rendirse y explotar sus cualidades innatas hasta el límite y más allá.
Ahora mira a la clasificación desde lo más alto, el menos trece, y afronta la misma prueba que hace exactamente siete días. Quizá recuerde aquello de “a veces se gana y otras se aprende”, o lo que explicó de otro modo Valero Rivera: “Si solo piensas en ganar es más fácil que pierdas”. Rafa es el espíritu del profesional dedicado. No es el más destacado, talentoso, premiado o quizá no llegue nunca a los dieciocho grandes de Nicklaus, pero cuenta con la cualidad básica y primigenia, una gasolina especial: la humildad. Estas son sus palabras desde la primera posición del Qatar Masters: “Estoy muy, muy feliz y contento. Todo está yendo bien. Mañana haré la misma rutina porque es un día nuevo. Empezamos de cero, golpe a golpe, y saldré a disfrutar. Lo he estado haciendo esta semana y la pasada, por lo que solo tengo que disfrutar la oportunidad de estar peleando por el título, saber que cada golpe importa, saborearlo y hacerlo lo mejor que pueda”.
George Coetzee está a dos golpes, desde el menos once, mientras que Steve Webster, Johan Carlsson y Matthew Baldwin intentarán cazarle desde el menos diez. Alejandro Cañizares es décimo con menos ocho; Sergio García vigésimo tercero, con menos seis; Nacho Elvira y José María Olazábal ocupan la vigésimo octava posición, con menos cinco y un impacto menos que Carlos del Moral. Álvaro Quirós fue el último de los españoles en pasar el corte, con menos tres. ¿Quién es Rafa? Rafa es el chico que esta semana peleará por conseguir su siguiente objetivo en la vida. Un tipo normal, pero con una convicción de acero.
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