A buen seguro, durante esta maravillosa semana de golf en la que se emplaza la Ryder Cup los verdaderos amantes a este deporte se pararán a pensar por qué la competición más importante por equipos del mundo golfístico se llama de esta forma. Incluso, algunos de los más observadores fijarán sus inquietudes en la figura del golfista que se asienta en lo más alto del trofeo que se le entrega al equipo ganador.
Para aclarar las dudas de los más curiosos debemos alejarnos en el tiempo casi dos siglos, al año 1858. Fruto del matrimonio entre un jardinero y una costurera, nació Samuel Ryder en Walton-le-Dale (Lancashire), en el sur de Inglaterra. De casta le viene al galgo y el conocimiento de jardinería de Samuel Ryder Sr. caló en la figura de su cuarto hijo, que unió conocimiento y creatividad para desarrollar un producto genuino para su época: los sobres de semillas de un penique. Gracias a esta revolucionaría idea, Samuel Ryder generaría un importante entramado comercial y traería a la familia una considerable estabilidad económica.
Como el buen whisky escocés, la afición de Ryder por el golf fue madurando con el paso del tiempo. Desde niño su hobby había sido el críquet y nunca había puesto su interés en el deporte de sus vecinos escoceses. Pero como dice el refrán, no hay mal que por bien no venga y debido a que cayó enfermo pudo acercarse al mundo del golf. No sería hasta 1908, con 50 años, cuando su amigo Frank Wheeler le aconsejó que empezara a jugar al golf y así tomar aire fresco mientras hacía ejercicio. Rápidamente, Samuel Ryder se enamoró de este deporte y desarrolló su juego hasta conseguir un hándicap bajo.
La pasión que había descubierto el empresario británico en el golf le llevó a buscar nuevos destinos donde desarrollarla, y será durante sus vacaciones cuando decida establecerse en un nuevo lugar de veraneo donde practicarla. El club elegido sería Came Down Golf Club de Dorchester, en la costa sur de Inglaterra, donde conocería a los hermanos Whitcombe.
Fascinado por el juego de sus nuevos compañeros de partida, se preguntaba cómo no participaban en el Open Championship unos británicos que jugaban tan bien al golf. La respuesta de los hermanos Whitcombe cambiaría la vida y obra de Samuel Ryder y la historia del golf. Las alegaciones de los jóvenes sobre su ausencia por escasos recursos económicos frente a los solventes estadounidenses, apoyados en patrocinios, que viajaban a las islas para jugar el Open, abrió la mente del empresario y vio la necesidad de que los clubes apostasen por los jóvenes valores del golf británico.
Para ayudar a los prometedores golfistas de las islas, Samuel Ryder comenzó a patrocinar eventos profesionales y a desarrollar competiciones con el fin de mejorar el nivel del golf británico. Con el paso del tiempo, el empresario se introdujo poco a poco en el germen de la competición golfística y cada vez más se empapaba de todos los encuentros y eventos que se organizaban en torno al mundo del golf de nivel.
En este espacio temporal eran habituales las exhibiciones entre combinados de golfistas profesionales de distintos países, lo que generaba una importante expectación. Sin duda, el encuentro más controvertido de la época tuvo lugar en 1913, cuando el combinado francés vapuleó al equipo estadounidense en tierras galas. El formato utilizado, partidos fourballs y enfrentamientos individuales, y la impresión de la derrota por parte de los “mejor preparados” estadounidenses, provocó un gran revuelo. A partir de este momento, estos encuentros serían la semilla de la actual Ryder, lo que no pasó desapercibido para algunos pioneros de este deporte.
El éxito que adoptó este formato de juego llevó a que varios amantes del golf buscasen la forma de exprimir al máximo el interés de estos torneos. Desde algunos sectores ya se le atribuye una idea similar a la Ryder al periodista James Harnett, quien presentó la propuesta a la PGA estadounidense el 15 de diciembre de 1920, recibiendo una respuesta negativa.
Al año siguiente, Sylvanus Germain retomó la idea y organizó un torneo amistoso entre Gran Bretaña e Irlanda frente a EE. UU. El combinado de las islas europeas consiguió una importante victoria frente al equipo liderado por el famoso Walter Hagen y como parte activa del grupo ganador y clave para la victoria aparecía la figura del inglés Abe Mitchell.
Este jugador, conocido como uno de los jugadores de golf más importantes de la historia de Gran Bretaña, guarda una curiosa anécdota personal; durante toda su carrera encabezó a los jugadores ingleses que se dedicaban a la profesión y se convirtió en uno de los mejores golfistas del mundo. Con importantes victorias en encuentros con el combinado nacional y con sonadas conquistas personales como British PGA Match Play Championship o Miami Open, su carrera quedará marcada siempre por no contar en su haber una victoria en el Open Championship. Fue uno de esos casos de gran jugador que no consigue brillar en los majors, algo que empaña en cierta medida su legado.
Pero Abe Mitchell fue fundamental para la Ryder Cup, no sólo en el campo competitivo, sino por la estrecha relación que le unió a partir de 1925 con el comerciante británico Samuel Ryder. El magnate de las semillas deseaba mejorar su juego y vio en la figura de Mitchell al guía perfecto para desarrollar sus virtudes. Con un contrato de 1000 $ anuales, el empresario se aseguraba la exclusividad del trato con Mitchell como su profesor y mentor en el mundo del golf.
De esta relación y fruto del importante legado de competiciones entre combinados nacionales de distintos países nacería el tercer evento deportivo con más audiencia del mundo en la actualidad, la Ryder Cup. Para esta creación sería fundamental el año 1926, cuando a modo de continuación del torneo amistoso organizado cinco años antes por Sylvanus Germain ambos equipos se volvieron a enfrentar en el campo inglés de Wentworth.
Sin embargo, la coyuntura política que atravesaba Gran Bretaña en esa época llevó al país a una huelga general que complicó sobremanera el transporte por las islas. Estas dificultades en los desplazamientos impidieron a muchos jugadores estadounidenses poder llegar a tiempo para competir en Wentworth, por lo que el equipo estadounidense se completó con una selección de jugadores de origen escocés. El resultado final de 13 ½ a 1 ½ a favor de los británicos fue un fuerte varapalo para los golfistas de EE. UU.
No obstante, las quejas de los jugadores americanos por la baja de varios de sus principales representantes llevaron a los organizadores a tomar una decisión extraordinaria que dilucidara el ganador de este torneo. Se acordó entonces que el mejor jugador de cada combinado compitiese durante 72 hoyos, repartidos en dos días de juego, para elegir qué equipo se alzaba con el trofeo. Por parte de EE. UU. participó el excéntrico Walter Hagen y por parte de los británicos, el prometedor Abe Mitchell.
La final improvisada quedará para la historia por la artimaña de la que se ayudó el jugador estadounidense para acercarse a la victoria. Tras el primer día de competición y 36 hoyos terminados, el jugador inglés partía con ventaja y esperaba al segundo día con mayor tranquilidad. Sin embargo, pronto Walter Hagen le robó en ánimo la ventaja que sí existía en el marcador. El jugador estadounidense decidió llegar treinta minutos tarde a la hora de salida, lo que provocó un fuerte enfado en el jugador británico que al acabar el día terminaba perdiendo.
La competición contó con un espectador de lujo, Samuel Ryder, pues el tándem formado por Abe y él planeaba oficializar estos encuentros entre naciones para realizar un torneo fijo y veían esta prueba de 1926 como una oportunidad para ponerlo en práctica. El campeonato cautivó al empresario, que decidió invertir y formar un importante concurso entre naciones.
Tras la contienda tuvo lugar una reunión entre el empresario, dos profesionales británicos, Abe Mitchell y George Duncan, y dos profesionales estadounidenses, Walter Hagen y Emmett French. En este coloquio se esbozaron los planes para la primera edición de la Ryder Cup. Los partidos se celebrarían de forma periódica, con un trofeo proporcionado por el empresario británico.
La copa, de 19 pulgadas, estaba valorada en 100 guineas (250 libras de la época), era de oro y contaba con una figura de Abe Mitchell en la parte superior. La colocación de la escultura del golfista inglés fue decisión de Samuel Ryder, en compensación por el mal comportamiento de Walter Hagen en el torneo de 1926 y en honor a la deportividad que debía reinar en todas las ediciones del futuro torneo.
La primera edición se llevó a cabo en 1927 con el nombre de Ryder Cup en consideración con el empresario británico y su aportación al mundo del golf. Este primer torneo se celebró en Worcester Country Club, Massachusetts, los días 3 y 4 de junio de 1927. Curiosamente, una apendicitis evitó el debut ese año de Abe Mitchell en la recién creada competición que se decantó del lado EE. UU. con una victoria por 9½ a 2½.
Así echaba a andar la Ryder Cup, impulsada por una fuerte amistad entre Abe Mitchell y Samuel Ryder, una relación basada en el amor a un deporte que lo era todo en sus vidas. Esa pasión por el golf que sentían hizo que su esfuerzo sirviese para que el deporte llegase a ser mucho más completo y fuerte a nivel mundial, con una competición clave en el calendario de los grandes eventos deportivos internacionales.
Las participación de ambos en el desarrollo de las futuras ediciones, el impulso que obtuvo la competición con la apertura al resto de los jugadores del viejo continente o la reinvención del formato que se produjo con la llegaba de importantes jugadores como Severiano Ballesteros, han hecho que los tres días de la Ryder Cup sean un amasijo de sentimientos, emociones y pasiones descontroladas que provocan en los amantes al golf tal placer visual que es casi imposible describirlo en unas cuantas líneas. Por ello, agradezcamos que la amistad nos brindara la mejor competición deportiva por equipos del mundo.
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